Si alguien dudaba del ascenso de Balbina Herrera en la preferencia del electorado, la desafortunada intervención del ex canciller José Raúl Mulino ayer en un programa de televisión deja en evidencia un avance significativo de la candidata perredista y que al parecer ha llevado a Mulino a emprenderla contra cuadros importantes del PRD, en este caso contra el diputado Héctor Alemán.
Si previo a los comicios, la calumnia y la injuria están despenalizadas, no existe ni remotamente la posibilidad de exigir condenas judiciales a quien lo hace en tiempos electorales. Es decir que sólo la impunidad prevalecerá en la infamia lanzada ayer por José Raúl Mulino contra Héctor Alemán. Una mentira que no creerán ni siquiera los opositores serios, por cuanto que uno de los dirigentes políticos de mayor prestigio y credibilidad ha sido precisamente Héctor Alemán.
Desde sus tiempos de Canciller, Mulino se había labrado un prestigio que le reconocían hasta sus más enconados adversarios, pero su intervención de ayer demuestra que ha cedido a la tentación de acudir a cualquier tipo de vacuidad para intentar contrarrestar a sus oponentes. No es esa la forma de mantener el debate de altura, por el cual el ex canciller ha abogado en más de una ocasión, ni tampoco de sustentar la imagen de hombre ecuánime que ha tratado de proyectar.
Lo actuado por Mulino no es evidencia precisa de ecuanimidad y mucho menos de confianza y certeza en la supuesta ventaja que, dicen, mantiene su candidato Ricardo Martinelli ante la candidata presidencial del PRD, Balbina Herrera. Mulino sabe que la verdad mediática impuesta en los últimos meses y que tiene a Martinelli como supuesto favorito es una columna de güarumo, que en su fragilidad no va a aguantar la ofensiva que recién inicia el PRD, por lo que trata ahora de desmontar a pilares importantes de la campaña de Balbina Herrera.