Seles, que vio truncada su brillante carrera al sufrir una puñalada por la espalda que le propinó un individuo en Hamburgo, en 1993, había ya acumulado todos los premios y méritos para alcanzar el honor de estar junto a las grandes tenistas de todos los tiempos.
La jugadora, que combinaba unos golpes letales a dos manos y un gruñido gutural que desesperaba a los aficionados y a sus rivales, recibió la noticia de su elección al Salón de la Fama con la sonrisa de siempre y un dejar atrás todas aquellas cosas que no pudieron ser en su carrera después de sufrir la brutal agresión.
"No quiero hacerme a mi misma todas esas preguntas de qué hubiera sido mi carrera de no haber vivido la tragedia de Alemania, en 1993", comentó Seles, de 35 años, en un teleconferencia. "Como no tengo respuestas, lo mejor es no hacer preguntas".
Lo que nadie le pudo quitar a Seles fueron los nueve títulos de Grand Slam que logró en su carrera como profesional, que a los 17 años hiciese historia de ser la tenista más joven que alcanzó el puesto número uno del mundo, en 1991, y que con sólo 18 años ya tenía en su haber ocho títulos de Grand Slam.