Los partidos políticos son un reflejo de la sociedad, y en la sociedad hay de todo, gente honrada y gente indeseable. Ciertamente para un partido, en esta ocasión el PP, supone un serio revés tener que hacer frente a una supuesta trama de corrupción de un grupo de personas que al parecer hacían pingües negocios gracias a sus contactos con el propio partido.
Lo que sorprende es que la secretaria general, María Dolores de Cospedal acuse al PSOE, y concretamente al ministro del Interior,
Alfredo Pérez Rubalcaba, y al Fiscal General del Estado,
Cándido Conde Pumpido, de estar utilizando los resortes del Estado para dañar al PP en pleno proceso electoral.
De lo que vienen publicando los medios de comunicación, incluidos los medios afines al PP, esta supuesta trama de corrupción ha sido denunciado por militantes del propio Partido Popular que no han querido participar en
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chanchullos e irregularidades. Es decir, que ha sido gente del propio PP la que ha tirado de la manta proporcionando datos a los investigadores para ir desentrañando un tinglado en el que el tráfico de influencias y las corruptelas eran practicadas con desparpajo por una serie de personas con conexiones, al menos en el pasado, con Génova 13. Porque lo que se viene publicando es que precisamente las relaciones con Francisco Correa se cortaron cuando Mariano Rajoy se hizo cargo del PP.
Por tanto, María Dolores de Cospedal está haciendo la política del calamar al sol al acusar al ministro Pérez Rubalcaba o al Fiscal General del Estado o incluso al propio juez
Baltasar Garzón, de querer perjudicar al PP.
La obligación del Ministerio del Interior y de la Fiscalía es investigar una denuncia, y serán los tribunales a los que corresponda juzgar la veracidad de esas denuncias.
Es evidente que el PP está atravesando por una situación delicada. En primer lugar, porque el liderazgo de Mariano Rajoy no termina de satisfacer a los propios populares, y precisamente por eso hay una guerra interna dentro del PP, porque hay quienes aspiran a ocupar ese liderazgo. A esto hay que añadir que el asunto del espionaje en la Comunidad de Madrid, está suponiendo un fuerte deterioro no sólo para
Esperanza Aguirre, también para el propio Rajoy, y ahora por si fuera poco estalla éste escándalo.
La política del
"y tú más" no lleva a ninguna parte, y resulta inaceptable que María Dolores de Cospedal para defender a su partido de los efectos de éste escándalo no tenga otro argumento que esgrimir que el PSOE no puede decir nada porque en el pasado protagonizó otros escándalos.
María Dolores de Cospedal, pero sobre todo Mariano Rajoy, lo que deben es una explicación a sus votantes, y a la opinión pública, de qué saben de esta trama, y qué relación tiene el PP con Francisco Correa y los otros detenidos por esta trama, y cuanto antes lo hagan mejor será para el PP.