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Rafael Espinosa

Y cuando aquí…

Y cuando aquí…

sábado 10 de marzo de 2007, 07:34h
A pesar de que la mayoría de las veces he preferido omitir mis comentarios acerca de la situación política de otro país,  con el fin de no juzgar una realidad a la cual soy ajeno, retomo una situación ocurrida en estos días

En España existe una fuerte controversia a partir de que un juez le concedió la prisión atenuada al etarra José Ignacio de Juana Chaos, responsable de 25 asesinatos

En este contexto, el Jefe de Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero asistió a una “comparecencia” ante el Senado de su país, para fijar su posición sobre la medida tomada.

En este intercambio de posiciones que se dieron en la Cámara alta española, aún cuando el presidente del Senado hizo varios llamados al respeto, existió una reciprocidad para dar a conocer las visiones. Así, la oposición del Partido Popular le hizo saber al Jefe de Gobierno español, de manera directa, su rechazo absoluto a la medida. Por su parte, Rodríguez Zapatero enunció que dicha acción fue producto de la resolución de un juez, a la par de que dio a conocer ciertas medidas que el gobierno de José María Aznar tomó respecto al grupo terrorista ETA.

Hasta aquí el caso español…

Este tipo de ejercicio que se vivió en la madre patria, difícilmente podrá tener lugar en el acontecer mexicano y es que el sistema político que nos heredó el PRI, con el que el PAN ha sido consecuente, y que no tiene para cuando cambiar, jamás ha permitido un verdadero intercambio de argumentos entre la oposición y el gobierno, dentro de un ámbito definido por las leyes.

La legislación marca que en México solamente una vez el Ejecutivo se para de frente al Legislativo, lo cual ocurre en el Informe de Gobierno.
 
En la pleitesía que durante años el PRI le rindió a su jefe, siempre fueron días de felicidad y abrazo, en donde el presidente de la nación acudía a San Lázaro para dar a conocer las acciones de su gobierno. Números, números y más números de que según se trabajó.

Tras seis años de gobierno panista, esta situación se repitió, salvo en el 2006, donde Vicente Fox, sólo entregó su informe y se fue. Así, el presidente llegaba a San Lázaro, para cumplir con un simple protocolo constitucional, -yo presidente vengo a decir, quizá escucharé, pero un debate ni lo pienses-.

Es tal el marco legal mexicano, que siempre las posiciones de los partidos se han dado antes de que el titular del Ejecutivo llegue al recinto. Hay una respuesta, sí, pero del órgano legislativo en general y no así de cada instituto político, y en lo que al final de cuentas se queda en eso, una postura fijada, lejos de obtener alguna respuesta directa.

El debate que hacen los políticos en México, siempre ha ocurrido dentro de los medios de comunicación, y es que aún cuando hay comparecencias de los secretarios de Estado, la historia reciente de México, jamás ha tenido un debate como tal, entre el presidente y los legisladores.

Bajo esta batuta, el intercambio de posiciones, si bien podría llamarse de esta forma, ha sido de manera informal. Esta semana, por ejemplo, Felipe Calderón acudió a una comida con los diputados priístas, y aún cuando algunas frases llegaron a las primeras planas, al final de cuentas, quedan fuera de un espacio que bien pudiera estar contemplado en las leyes.

México requiere de un debate de los órganos de gobierno más allá del que se da en las pantallas y micrófonos de los medios, para evitar malentendidos, para fortalecer la democracia.

Son ellos los representantes de los ciudadanos y por esta razón deben enfrentarse en un intercambio de ideas, expuestas con claridad, donde el emisor tenga la seguridad que su receptor obtuvo el mensaje y no se quede en la posibilidad de que haya leído la nota, en donde todas las fuerzas políticas que están representadas en el Poder Legislativo, tenga la posibilidad de increpar las medidas que hace el gobierno federal, y que éste las defienda.

Es pues esta una exigencia que debe comprender el marco legal mexicano, para que así los ciudadanos tengamos un poco más de certidumbre sobre el acontecer nacional y no al final de cuentas, se quede en simples trascendidos informales, sujetos a la parcialidad mediática.
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