El modelo de crecimiento económico de esta Administración ha sido extremadamente simplista y ha consistido en tratar de reemplazar mediante gasto público la falta de incentivos, seguridad, política comercial e inversión privada. Esto tuvo un buen resultado cuando la lotería de los precios del petróleo solventó la caja fiscal, pero cuando se acabó el dinero de los ingresos extraordinarios, el modelo de crecimiento muestra claramente su falta de solvencia técnica.
El Gobierno ante la necesidad de precautelar recursos internos y financiar el déficit presupuestario y luego de consumir la mayoría de sus excedentes petroleros, ha planteado acciones, como restricción de importaciones y la búsqueda de créditos internos y a organismos internacionales, sin embargo las medidas, quedarían cortas ante la proximidad de la elecciones, que tornan inflexible a la baja al Gasto Corriente, siendo el rubro más elevado del gasto con el 54% y que presentan al Estado un problema adicional al buscar indispensables equilibrios fiscales.
Definitivamente debemos reconocer que el verdadero problema que enfrenta el País se basa en la falta de sostenibilidad del crecimiento por el deficiente manejo las condiciones y sectores claves para el desarrollo. Esta y anteriores administraciones del Estado, no han podido estructurar un esquema de apertura y seguridad, ni un manejo eficiente de sectores como el petrolero, minero, eléctrico, comunicaciones, infraestructura o seguridad social.
No han podido llegar a una sana asociación pública privada que genere inversión, empleo y producción a corto, mediano y a largo plazo. Las soluciones simplistas han sustituido una vez más a una verdadera estrategia de cambio estructural que le brinde al Ecuador la posibilidad de un crecimiento sostenido y a largo plazo.