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La Gran Vía, centenaria

martes 24 de marzo de 2009, 20:01h
Actualizado: 30 de marzo de 2009, 19:50h

Comienza el descuento hacia el programa de actos con que se celebrará el primer centenario de la Gran Vía. La emblemática avenida madrileña que nació entre empujones -los que se dieron a los más de 300 edificios expropiados-, y que sigue siendo tan principal como para convertirse, en las pasadas elecciones municipales, en protagonista de los programas de los dos principales partidos de la ciudad.

Cien años son muchos años; la celebración es justa y esperemos que sea tan lucida como merece la ocasión. Pero ¿llevará aparejada la solución de otros problemas que aquejan ahora a esta calle y, sobre todo, a su entorno? Quien no sepa de qué hablo, que visite cualquier día, a cualquier hora, sus traseras: cutrez, aspecto sucio, edificios deteriorados, negocios abandonados, y una auténtica invasión de meretrices que llegan, en ocasiones, hasta la propia Gran Vía. Siempre me he preguntado, al caminar por Desengaño, Ballesta o Pez, qué pensarán los turistas que se aventuren por estas zonas, huyendo del bullicio de la avenida y de las luces de los teatros y cines que aún quedan abiertos. El contraste es brutal.

Durante las elecciones municipales, el PP propuso convertir la Gran Vía en un salón urbano entre Callao y la Red de San Luis, ampliando aceras, cambiando mobiliario y pavimentación, y revitalizando la zona. Incluso apuntó que compraría un cine allí para dedicarlo a actividades culturales. El PSOE, por su parte, prometía peatonalizar la calle. El foco, en ambos partidos, estaba en la Gran Vía como corazón de la ciudad. Ahora, dos años después, vuelve a la actualidad por su centenario. Como en la zarzuela a la que dio nombre, en la Gran Vía actual abundan los turistas, el público y los "ratas". En el libreto, las calles y plazas de Madrid se reunían en el salón de Doña Municipalidad para asistir al nacimiento de una Gran Vía, que al final se anunciaba para el 30 de febrero. Cosas de la crítica constructiva. Ahora que los tiempos son mucho peores para la sátira, valga un deseo: que no haya que esperar otros cien años para ver la nueva cara, renovada y revitalizada, de la Gran Vía.

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