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Te regalo mi poesía, no mi voto

jueves 26 de marzo de 2009, 15:28h
Actualizado: 27 de marzo de 2009, 13:29h
Un individuo que regala poesías en la Gran Vía reprendió a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, después de que le diese una limosna.
El casticismo y la poesía tienen la mala costumbre de ser atrevidos y románticos. Cosas de los sentimientos que evoca lo que hay a su alrededor. La presidenta regional, Esperanza Aguirre, pudo comprobarlo en sus propias carnes este jueves. Por desgracia, este sentimiento, más de la época del homenajeado Larra, no está de moda en estos días.

La 'presi' tenía día primaveral. Y ya se sabe, esta estación la sangre altera y da ganas de cambiar esquemas. En este caso, Aguirre quería escribir un soneto diario que comenzó con el Consejo de Gobierno. Un Plan de Vivienda y otro de Integración después, se acercaba contra programa y a pie desde Sol a la Agencia Laín Entralgo (situada en la Gran Vía), con la histeria organizativa de los servicios de protocolo y seguridad regionales correspondiente.

Impulsos de una presidenta poética que iba a entregar 'in person' 130 medallas a los profesionales sanitarios no vinculados de forma directa a los hospitales que llevan sirviendo a los madrileños entre 20 y 30 años. El primer cuarteto le había salido perfecto.

Segundo cuarteto
Salía de la agencia dependiente de la consejería de Sanidad junto a Juan José Güemes a una Gran Vía casi centenaria que bullía de actividad. Compras, turistas y un día estupendo. Aguirre no paraba quieta y no tenía día de despacho.

Así que cogió el móvil para quedar a comer, presuntamente con el presidente de CEIM, Arturo Fernández. La cohorte regional esperaba la decisión de la jefa del Ejecutivo, que decidió dar tiempo a su amigo empresario paseándose por Centro. Las anchas aceras de la arteria de la capital se quedaron pequeñas para acoger a los que se paraban a hacer fotos y saludar a la 'lideresa' popular. Incluso Güemes hacía las veces de fotógrafo para inmortalizar a un fan de Aguirre cumpliendo uno de sus sueños.

Comenzaban los tercetos y la presidenta pasó por delante de 'La Casa del Libro'. Allí hace vida un individuo que regala una poesía por la voluntad del que la quiere. Aguirre, ni corta ni perezosa, se acercó a darle algo (poco después ignoraría a un negro sin piernas que pedía una ayuda y al que ni miró).

Cinco eurazos de limosna que al amigo le supieron a gloria bendita. De hecho, le agradeció a Aguirre el gesto comparándolo con el del alcalde Ruiz-Gallardón, que cuando le vio sólo le echó un euro, la calderilla que llevaba encima.

Güemes, con gestos, le indicó al poeta callejero que recordase el gasto a la hora de votar. Nada más lejos de la realidad. El artista, en las antípodas del pensamiento popular, sentenció: "Soy de la oposición total a usted. Además, no sé si sabe ese dicho castizo: 'Eres más malo que Esperanza Aguirre'". Menudo verso suelto en la cara de la presidenta. El último terceto descuadró la estructura del soneto. Se le fastidió el poema porque la solidaridad no pide nada a cambio. Aguirre no perdió la sonrisa ¿Por qué iba a preocuparse? Su métrica no se rige por acontecimientos tan nimios. Unos metros más allá le esperaban los brazos amigos de Arturo.
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