David Murcia Guzmán, el colombiano estafador que se encuentra en la cárcel de La Picota acusado de por lo menos cuatro delitos, se niega a declarar ante fiscales panameños, y prefiere ser extraditado a Estados Unidos, según dijo la procuradora Ana Matilde Gómez. Los fiscales panameños fueron a indagar sobre las supuestas relaciones del reo con candidatos presidenciales de Panamá.
Murcia Guzmán reveló que entregó seis millones de dólares a la campaña política del gobernante Partido Revolucionario Democrático (PRD), divididos en tres millones de dólares a la campaña de la candidata presidencial del PRD, Balbina Herrera, y otros tres al aspirante capitalino a alcalde, Roberto Velásquez. Pero los perredistas salieron al paso d esa acusación, y dijeron que el único que había hecho negocios con el narcolavador era Martinelli. El Tribunal Electoral de Panamá levantó la inmunidad de Herrera y Velásquez, así como del candidato presidencial opositor, Ricardo Martinelli, favorito en las encuestas, a fin de iniciar las investigaciones.
Murcia Guzmán, fue detenido en Panamá y extraditado a Colombia en noviembre pasado acusado de lavado de dinero y captación ilegal de fondos, mismos delitos por los cuales lo procesa Panamá. El escándalo alcanzó al poder Ejecutivo y Legislativo de Panamá al comprobarse que al menos tres agentes de la guardia presidencial, en su tiempo libre, brindaron protección a Murcia Guzmán.
Junto al escándalo Murcia Guzmán surgen varios hechos desestabilizadores de la gobernabilidad panameña, uno de los pocos países que puede resistir los embates de la crisis financiera internacional gracias a sus políticas económicas, su inversión en el área social y la conducta conservadora de sus bancos frente a los especuladores.
El mundo vive un descalabro financiero producido en Estados Unidos, cuando entidades financieras locales jugaron con los ahorros de sus connacionales, engañaron a clientes en todo el mundo y llevaron al sistema capitalista al súmmun de su expresión egoísta.