La condena de Fujimori es la “vacuna” para los gobernantes latinoamericanos que quieren reprimir y asesinar gente desde el poder, pues terminan sus días en la cárcel. Todo crimen de Estado tiene testigos y toda una sociedad que clama justicia.
Pero especialistas en evasiones como somos, ya hay otro camino para reprimir a la oposición desde el poder, eliminarla físicamente si es necesario, sin que haya testigos y sin que los autores intelectuales jamás puedan ser acusados y peor juzgados por crímenes de Estado.
Primer paso.- No reprimir la delincuencia, entonces ella crece sola, se organiza, se arma, se auto depura eliminando a la agrupaciones débiles y dejando la supremacía de las fuertes, lo cual sucede en pocos meses.
Cuando está organizado este nuevo ejército, que no le costó al gobierno ni un centavo, se lo usa políticamente, no sólo para silenciar a los opositores, sino para tener aterrorizada a toda una población, cuya preocupación ya no es lo que haga el gobierno, sino cuidar día a día que no sean asesinados los integrantes de la familia.
Teniendo a la muerte en cada esquina, no queda tiempo para preocuparse de lo que está haciendo el Presidente y sus colaboradores.
La ejecución de este proyecto tiene pasos evidentes.
Un paso es incluir en el discurso oficial que la delincuencia se debe a la falta de empleo, a la crisis económica que siempre está presente y ahora es mundial.
Luego viene la creación del andamiaje legal que beneficie al delincuente: reducir las penas, liberar presos sin sentencia, eliminar la condición de delito al hurto o al robo.
Acompaña a esto el obligar a la gente a andar con efectivo, para que sea más rentable el asalto, ello implica “matar al cheque”, desvalorizarlo, inutilizarlo.
Se acompaña esto con penalizar severamente el portar armas, así se desarma a la población civil que queda indefensa.
Súmese nuestros sistemas judiciales de por sí lentos e ineficientes y fiscalías lerdas y cómodas.
Parte del paquete es “facilitar” la información policial para incluir grandes dosis de crónica roja en los noticieros, lo que insensibiliza e inmuniza a la población ante la muerte de un ser humano. Los medios nos hacen indolentes.
Finalmente, el castigo y enjuiciamiento a los policías que reprimen al delincuente, lo que repliega a la institución policial a sus cuarteles y a entender que es mejor no hacer nada si se quiere salvar el puesto y el sueldo.
Listo, en cuestión de meses se convierte a la delincuencia en un conglomerado empresarial especializado en todo tipo de delito, desde el arranche en áreas congestionadas como paradas de buses o terminales, hasta secuestros sistemáticos a gente que pueda pagar en efectivo. Se forman verdaderos conglomerados delincuenciales en donde incluso el raterillo debe pagar por el derecho a delinquir en las zonas más rentables.
Cada organización delictiva indefectiblemente tiene un líder que es fácilmente identificado y ubicado por los organismos estatales de seguridad, como el Ejército o la Policía. Ubicado el cabecilla se negocia con él. “Tu controlas políticamente esta zona (ciudad, provincia o estado), a cambio de impunidad en todos los delitos que cometas” y de la noche a la mañana, la población no puede ni siquiera salir de sus casas a dejar la basura en la esquina, pues corre peligro de ser apuñalada o baleada, debe pagar vacunas por transitar por una calle o camino, las carreteras en las noches son de los delincuentes, el terror se apodera de la población a la que no le queda ganas de salir a hacer una marcha antigubernamental por la calles de una ciudad, en donde es blanco fácil de una bala perdida que cuando mata a alguien, se demuestra técnica y fehacientemente que no pertenecía a las armas de dotación estatales y el vocero gubernamental lamenta el hecho y acusa a la “delincuencia común”, bajo cuyas balas mueren diariamente muchas personas, entre las cuales es imposible distinguir quienes son adversarios del gobierno de turno y menos intuir que se trata de un crimen de Estado, ordenado desde las altas esferas del poder.
Un ciudadano aterrorizado no piensa en política ni derechos civiles, salvar la vida el día de hoy ya es un triunfo.