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Cantar derrota

Cantar derrota

lunes 08 de junio de 2009, 17:24h
Actualizado: 10 de junio de 2009, 07:40h
La inefable Leire Pajín cantó su aria en la noche electoral explicando que el Partido Socialista había obtenido el mejor resultado entre los socialismos europeos. Efectivamente, la catástrofe internacional del socialismo en Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Rumanía, Irlanda, etc…, fue de tal calibre que, en comparación, las vestales de Zapatero se atreven a saborear como dulce su derrota. Pero esto no servirá de consuelo al propio Zapatero, tan ilusionado por su futura presidencia de turno en la Unión Europea. Zapatero presidirá una Unión Europea que no compartirá sus ideas, con unos colegas distintos y distantes y un Parlamento que no aplaudirá sus inventos e improvisaciones.

Desde otro punto de vista podríamos preguntarnos por qué el Partido Popular con su gran candidato humanista, europeísta y experimentado, no fue capaz de llegar a los 25 escaños soñados por Rajoy ni obtener el vuelco espectacular que merecía el gobierno más inepto de Europa frente a una crisis socioeconómica. ¿Por qué perdió más puntos el socialismo que los que ganó el PP? ¿Cuál es el freno que modera el lógico crecimiento de la única alternativa razonable a que pueden aferrarse los españoles para cambiar de rumbo? ¿Es la falta de gestos contundentes ante sospechas de corrupción?.¿Es el alejamiento de personalidades de siempre de la actual cúpula directiva? Lo que parece evidente es que los buenos resultados no son, sin embargo, proporcionados a la situación de descrédito del gobierno aunque sean suficientes para marcar tendencia.

    Quizá existe un escepticismo sobre un estilo de políticos más preocupados por su persistencia personal que por ofrecer propuestas inteligentes y oportunas. Quizá falte algún ingrediente atractivo para que el menú de la oposición sea mucho más sabroso que el rancho de fantasías y subsidios del gobierno. Reflexionar sobre ello será más conveniente que cantar victoria o interpretarla como tapadera de los propios errores. No se debe cantar victoria cuando aún no ha comenzado el segundo tiempo del encuentro. Pero, sin duda, es mejor cantar victoria a cantar derrota al oído de un Zapatero mudo y agotado.
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