En agosto pasado, cuando varios analistas denunciaban que la Constitución de Montecristi, que por entonces aún no había sido aprobada, otorgaba demasiados poderes al Ejecutivo, Ricardo Patiño quiso restar importancia al asunto con la siguiente frase: “a buena hora que seamos nosotros y no otros los que tengan poder”. Con esas palabras, este alto representante de la “revolución ciudadana” resumía lo que parece ser un pensamiento generalizado en el Gobierno: que ellos se encuentran en una escala moral superior y eso los justifica para concentrar atribuciones y constituirse en una suerte de “voz ética” para el resto del país (también para interpretar a su antojo las leyes, pero ese es otro tema).
Cerca de un año después, la frase de Patiño vuelve a adquirir relevancia cuando otros funcionarios del Régimen, los miembros del Conartel, basándose en sus estrechos criterios sobre qué es adecuado y qué no, deciden que ciertos programas de dibujos animados no pueden ser difundidos entre las 6:00 am y las 9:00 pm.
Acaso para extender sus quince minutos de fama, los miembros del Conartel, como previamente hicieran sus equivalentes venezolanos, se colocan a sí mismos por encima de padres y madres y deciden que Los Simpson son inapropiados para la niñez y la juventud. (Habría que preguntarles a estos iluminados funcionarios si ciertas perlas de sus patrones, como las insultaderas sabatinas de Correa o esas frases tan “educativas” de Chávez como aquella de “¡váyanse al carajo, yankis de mierda!”, son un buen ejemplo para niños y jóvenes).
Pero algo no cuadra con esta actitud de nuestros gobernantes de ponerse a sí mismos por encima del resto de ciudadanos y es que, siendo tan puros como dicen ser, ¿por qué les asusta tanto tener que enfrentar a una prensa que no se rinda a sus pies? ¿Por qué la quieren callar? ¿Y por qué se resisten a que se inicien verdaderos procesos de fiscalización a su inmaculado Gobierno? Curiosa posición de quienes se creen la autoridad moral del país, pues, como dice el refrán: el que nada debe, nada teme.
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