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Tiempo de palabra

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lunes 17 de agosto de 2009, 17:00h

Dos caras y un delirio

Aseguran buenas fuentes que el alto gobierno es un hospital. Abundan los enfermos de gastritis y de otros malestares estomacales e intestinales; las hernias hacen de las suyas; estados de paranoia acentuados se expanden como la verdolaga; jerarcas que duermen en sitios diferentes cada noche, delatados por sus ojeras y sus propios guardaespaldas; embajadores comidos por enfermedades innobles; ministros ahogados por sus familiares que creen vivir los últimos días y raspan la olla con furia; estresados dirigentes que enloquecen mientras aseguran que su jefe está loco; próceres que se miran unos a otros sin saber qué hacer cuando el mandamás les muestra una lámpara, les exige que la froten para que salga una empresa socialista. El alto gobierno necesita colocar al lado de la sala situacional otra sala de terapia intensiva, con su dotación de marxismo intravenoso, vasodilatadores y vasoconstrictores, neurólogos, psicólogos, psiquiatras, vermífugos, curiosos y adivinadores, dispuestos a equilibrar las dolencias de sabios y estrategas. En tanto el director de orquesta, con su bicornio calzado y su mano metida en la casaca, da las órdenes pertinentes para triunfar en Marengo y en Honduras, mientras le guiña el ojo a mi general Simón Bolívar que lo observa desde la lomita en el campo de Carabobo.

Esta mórbida situación es el espejo de lo que acontece en las alturas. Lo que por cierta conveniencia semántica podría llamarse el pensamiento de Chávez, tiene una estructura de gelatinosa solidez que obedece a principios que, cuando repican muy duro, se transforman en sus contrarios.

La Invasión Buena y la Mala. América Latina tiene un sentimiento histórico en contra de las intervenciones de EEUU. No ha de creerse que han sido invasiones sólo producto de la vocación imperial que ha anidado en Washington desde finales del siglo XIX hasta el fin de la Guerra Fría, sino que éstas han tenido sectores que las han propiciado  y recibido con alborozo desde dentro de los países de la región. La izquierda siempre se ha referido a éstos como "lacayos" del imperio.

Con los años Washington ha cambiado su política hacia América Latina, hasta llegar a la moderada actitud de Obama. Sin embargo, tiene lugar otra invasión: la de Cuba en Venezuela, con el auspicio agradecido del actual régimen. Véase la secuencia: un gobierno militarista pide auxilio a un gobierno extranjero, el cual procede a mandar a sus oficiales, policías, maestros, médicos y entrenadores deportivos, a tomar posesión de la mina de oro que es Venezuela. El que antes esta operación de traición se haya hecho en nombre del "mundo libre" y ahora se haga bajo el antifaz revolucionario, no altera la sustancia del asunto.

Bloqueo Bueno y Malo. El pensamiento progresista ha denunciado el bloqueo de EEUU a Cuba por diferentes razones. Hay quienes aseguran que el bloqueo es intrínsecamente inmoral e inaceptable; hay los que se oponen por considerar que es una agresión a un experimento saludable llevado a cabo por el desapacible dúo de ancianos caribeños. Muchos más se enfrentan al bloqueo porque piensan que los principales afectados son los cubanos de a pie. Los diseñadores del bloqueo deseaban propiciar descontento suficiente en el pueblo cubano como para estimular su reacción contra el régimen revolucionario.

Hete aquí que exactamente esto es lo que hace Chávez con Honduras y con Colombia. Como en esos países gobiernan unos personajes que desagradan al guerrillero nonato de Barinas, entonces se adoptan unas medidas que difícilmente perjudicarán personalmente a Uribe o a Micheletti, pero que pueden tener consecuencias malignas contra el colombiano común y corriente, trabajador de alguna empresa que exporte a Venezuela, o contra el hondureño que se ha beneficiado de un subsidio petrolero que al final ha sido más para el calavera de Zelaya que para el campesino de abajo.

Chávez ha llegado a tener el mismo bastón imperial que poseía Teodoro Roosevelt cuando supervisaba las obras de su canal en Panamá, en su Mare Nostrum caribeño.


Bases Buenas y Malas. El convenio entre EEUU y Colombia no es nuevo. Está consagrado en el Plan Colombia desde hace varios años con sucesivas modificaciones. Ahora, después que la base de Manta en Ecuador ha sido cerrada, Washington ha solicitado a Colombia el uso de sus bases para un limitado personal de EEUU. Lo hace en un contexto internacional en que invasiones yanquis  en América Latina son imposibles. Pero no vacila Chávez en ofrecer el territorio nacional a los rusos, lo cual es como redundante después de la ocupación cubana, en un marco en que el régimen de Chávez ha abandonado el reclamo a Guyana, se aprestaba a un acuerdo con Colombia frenado por la Armada, y ha confesado que la frontera occidental llega hasta donde las FARC existen. Mientras, la Fuerza Armada es sometida a inclemente desmantelamiento institucional y los grupos paramilitares proliferan.

El Americano Feo y el Bonito. La tapa del frasco ha sido el reclamo a Obama que ha hecho el quinteto rojo para reponer en el poder a uno de sus integrantes. Zelaya anda en su martirio aéreo, de aquí para allá, financiado por el dinero que se sustrae a escuelas y hospitales venezolanos, implorando que Washington lo reponga en el poder. Esta petición sólo podría tener una respuesta positiva si una flota del odiado imperio acoge en uno de sus portaviones al penitente Zelaya y lo deposita en la Casa Presidencial de Tegucigalpa después de haber ocupado el país.

Tal petición no había partido sino de los cipayos que habían clamado porque algún presidente norteamericano los liberara de sus pesadillas de izquierda. A este tipo de intervención se ha opuesto históricamente el movimiento democrático de todo el planeta. Ahora llegan estos cómicos de la legua, agrupados en el Circo del Alba, a pedir una prueba de amor a Obama, cuya sinceridad sólo se vería reconocida si reinstala al chapucero.

Ser Rico es Malo, pero no tanto. Véase la locura de proclamar la maldad de la riqueza. No se trata sólo de cómo Chávez se ha convertido en un jeque despilfarrador de un dinero que no le pertenece y que birla a sus compatriotas; ni tampoco el obsceno enriquecimiento de los oligarcas del régimen. Sino del mensaje que en la práctica envía a los pobres, consistente en que tienes que apoyarme porque yo te doy bienes materiales. Se busca apoyo a través del reparto de bienes, cuya mayor o menor posesión es promovida por el Gobierno. Dos metros más allá Chávez instala su micrófono para criticar el deseo de tener, la voluntad de ser propietarios, que es estimulada por su reparto para comprar apoyo.


No son traspiés naturales en todo gobierno. Lo que existe es extenuación. Fatiga de los gobernados y fatiga de los gobernantes. Recibir garrotazos agobia; sin embargo, hasta los verdugos se agotan. Hay sofoco en las alturas, el oxígeno y las ideas escasean. Parece que va a caer otro palo de agua. Hace un calorón...

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