La cuidad de Buenos Aires se nos presenta como un distrito que a simple vista da la sensación de ser autómata. Sus convicciones políticas fluctúan de una elección a otra sin que pueda definirse un perfil ideológico mas allá de ciertos reclamos fuertes que la clase media de los barrios más acomodados deja oír respecto de su rechazo hacia los sectores más empobrecidos.
Un contexto semejante de desidia ha resultado tierra más que fértil para los intereses de sectores empresariales devenidos en políticos que se hicieron con el Gobierno de la Ciudad amparados en un no discurso que sostiene banderas de “gestión eficiente” y caras sonrientes al tiempo que lleva adelante una política de vaciamiento y defraudación del Estado.
La contracara fundamental de dicho proceso es el monopolio de la información ejercido por grupos empresarios que utilizan los medios como operadores en pos de sus intereses económicos, sin ningún reparo ético y con dinero suficiente para comprar toda clase de voluntades.
Sin embargo, no todo está dicho. La ciudad de Buenos Aires es también el centro de acción de numerosas organizaciones comunitarias de comunicación, radios alternativas, periódicos, y diferentes medios que muchas veces encuentran en las posibilidades que da internet el canal para difundir aquellas voces que el poder intenta acallar.
Los medios comunitarios resultan un límite fundamental frente a los discursos hegemónicos, reconstruyendo los lazos sociales que la década del noventa y el proceso que culminó en diciembre de 2001 habían destruido, haciendo posible el ejercicio de la libertad de expresión a los sectores que no tienen voz, cuyas historias de vida y de lucha no son material para el espectáculo de los grandes medios.
Los medios comunitarios cumplen un rol esencial en la recuperación de las identidades barriales y la cultura popular. La posibilidad de identificarse con un otro cercano a la propia experiencia renueva en estas organizaciones la esperanza de un cambio de perspectiva, en la forma de prácticas colectivas que anclando en la vida cotidiana de los barrios den por tierra con el individualismo reinante de la Cuidad en estos tiempos.
Sabemos desde siempre que ejercer la libertad tiene sus costos, y la pelea por una comunicación democrática en la Ciudad encuentra hoy en la gestión de Macri su principal obstáculo. La persecución y cierre de espacios culturales ha sido desde el comienzo un objetivo fundamental de esta gestión. Basta mencionar los cierres del centro Cultural del Sur, Compadres del Horizonte, Casa Zitarroza, y la presión ejercida sobre organizaciones como IMPA, grupo de cine Libre de Parque Rivadavia entre muchos otros que ven en peligro la continuidad de sus actividades. Los brutales desalojos sufridos por numerosas organizaciones a manos de la UCEP (unidad de control de espacios públicos), como denomina el gobierno de la ciudad a un grupo de matones sin identificación que opera de madrugada, son solo otra prueba del camino por el que intenta llevar esta gestión a la vida cultural de una Buenos Aires heterogénea que sin embargo resiste.
Testimonio de esta resistencia puede hallarse en el histórico proceso democrático llevado adelante por numerosas organizaciones como la RNMA (Red Nacional de Medios Alternativos) en los foros en que se debaten las modificaciones al proyecto de Ley de Servicios Audiovisules. Dicho proyecto es una deuda pendiente de la democracia y por este motivo es posible ver a numerosos y representativos sectores impulsando su tratamiento.
Los medios alternativos han sido y son un bastión de la lucha por la libertad de expresión y así lo han manifestado en foros abiertos en los que sin embargo no se dejó ver ninguno de quienes tildan al proyecto de un intento de controlar los medios, o del producto de una pelea de intereses políticos.