Los "nacimientos" con los que los católicos guatemaltecos celebran la Navidad y recrean el nacimiento del Niño Jesús, en que también son protagonistas la Virgen María y San José, son una tradición viva y pujante que llegó desde España hace casi 400 años.
"Los primeros 'nacimientos' o belenes, como les llaman en Europa, fueron traídos por los curas españoles que llegaron con los conquistadores a principios del siglo XVI", cuenta el historiador guatemalteco Celso Lara.
Aunque inicialmente los "nacimientos" eran exclusivos de los templos católicos, con el pasar de los años la tradición empezó a ser una práctica común para conmemorar la Noche Buena en las casas de las familias españolas y luego en la de los mestizos.
En sus primeros años, el nacimiento de Jesús se recreaba sólo con las imágenes talladas en madera de la Santa Familia, pero conforme la tradición se fue convirtiendo en costumbre, a éstos se le fueron agregando elementos propios de la cultura indígena.
Según Lara, fue el santo español Pedro de San José de Betancur el promotor de la recreación del nacimiento del Niño Jesús en 1625 en las casas de la Ciudad de Santiago de los Caballeros, entonces capital del Reino de Guatemala, ahora ciudad de Antigua.
"Son ya casi 400 años de una tradición que continúa viva y pujante, y que hoy día es representativa de la cultura guatemalteca. Aunque su origen es de influencia española, los elementos que lo integran son una mixtura de símbolos indígenas", explica Lara.
Aunque los "nacimientos" más elementales son recreados con las imágenes de la Virgen María, san José y el Niño Jesús dentro de un pesebre acompañados del buey y la mula, hay familias que engalanan la tradición con verdaderas obras de arte.
"En casa empezamos la planificación del 'nacimiento' desde principios de agosto. Lo principal es ponernos de acuerdo en familia sobre el mensaje bíblico que le daremos", cuenta Fabian Ortiz, un comerciante que vive en el tradicional barrio de Gerona, en el centro histórico de la capital.
Junto a sus hijos, esposa y nietos, cuenta este hombre de 63 años cuya tradición familiar de elaborar grandísimos "nacimientos" tiene más de 250 años, realizan los planos de la obra, que llega a alcanzar hasta 350 metros cuadrados.
"El Misterio (la Virgen María, san José y el Niño Jesús) lo recibí en herencia de mi abuela, la que a su vez lo obtuvo de sus abuelos, hace ya más de 250 años", explica.
El "nacimiento" de este año, que recrea una ciudad moderna con altos edificios y vehículos de lujo, en cuya cúspide sobresale un humilde pesebre lleno de animales domésticos y pastores, es visitado por decenas de familiares, amigos y curiosos que cada diciembre van a casa de los Ortiz a apreciar con devoción la obra de arte.
La tradición también es aprovechada por miles de artesanos indígenas que con sus propias manos elaboran ovejas, pastores, bueyes, vacas y demás animales en arcilla y madera.
Desde principios del siglo pasado, los árboles navideños, cargados de luces y adornos de colores, se han ganado también un espacio dentro de los hogares de los guatemaltecos para estas fechas, pero sin desbancar la costumbre de los "nacimientos".
Según la tradición católica, los "nacimientos" son elaborados todos los días 16 de diciembre, pero sin colocar aún al Niño Jesús.
Eso no se hace hasta la medianoche del 24, en una ceremonia religiosa en la que participa toda la familia, en la que se quema incienso y se inicia el rezo de una novena.
A la medianoche del 31 de diciembre, en una ceremonia similar, se viste la imagen del Niño Jesús con un traje especialmente elaborado y se coloca en el trono desde que le reina.
Quienes siguen la tradición religiosa al pie de la letra, levantan el "nacimiento" hasta el 2 de febrero, día de la Virgen de Candelaria, en remembranza del pasaje bíblico de la presentación del Niño en el templo de Jerusalén.