jueves 24 de diciembre de 2009, 16:54h
Actualizado: 23 de mayo de 2010, 00:21h
Es sabido que la esquizofrenia es una enfermedad psiquiátrica. Pero hay también esquizofrenia política. La misma se manifiesta en eclecticismo y en la decisión de alterar la realidad, manipularla y moldearla según la percepción que se tenga de aquello que desagrada.
Hace muy pocos días leí con sorpresa y tristeza que la Xunta de Galicia no participará en la elaboración del mapa de las fosas de la guerra civil y que retira el 90% de las subvenciones para investigar la represión franquista en un programa interuniversitario denominado As vítimas, os nomes, as voces e os lugares.
Desgraciadamente, para muchos de los ciudadanos españoles que nacimos y vivimos en la Argentina (los doble nacionalidad superamos ya el 60% del CERA) ello nos recuerda lo peor de la historia del lugar donde nacimos.
El jueves 19 de diciembre, participamos en el homenaje anual que la Embajada de España en Argentina realiza en conmemoración de los desaparecidos españoles en particular y los 30000 en general. Allí pudimos saludar a la hija y viuda de Manuel Coley Robles, de quien hace muy pocos días se hallaron sus restos en una tumba NN del Cementerio de Villegas, localidad bonaerense de La Matanza, con una ardua, científica y excelente labor del Equipo de Antropología Forense. Manuel llegó a Argentina a los diecisiete años y fue delegado de la empresa Rigolleau. En 1975 la misma lo despidió y a los pocos meses lo secuestraron.
Fueron siete las autonomías que en consonancia con la Ley de Memoria Histórica confeccionaran el mapa de las fosas: Cataluña, Euskadi, Castilla-La Mancha, Cantabria, Andalucía, Extremadura y Aragón. Pero la Xunta tomó la decisión política de no participar en dicha elaboración.
Casi paralela y simultáneamente, en todos los periódicos apareció que el PP tiene ahora un Código de Ética. Evidentemente, este tipo de cuestiones no entran en dicho instrumento, que más cerca está de ser letra muerta que transformar las prácticas políticas de quienes reciben trajes y se pasean en Ferraris (curioso paralelo: a quienes aquí vivimos también nos trae otros recuerdos, Menem hacía exactamente lo mismo). Cualquier profesor de Filosofía podría explicar (mucho mejor que quien escribe) que la ética tiene un asiento fundamental: la libertad.
Con la decisión que tomó la Xunta esa libertad queda castrada a miles de gallegas y gallegos y aquellos que tienen víctimas enterradas quién sabe dónde no podrán siquiera poner unas flores en una tumba. Debe ser que en el PP aún abundan elementos prehistóricos como el Mayor Oreja y cabeza de lista a las europeas quien en declaraciones públicas se y nos preguntaba por qué iba él tener que condenar el franquismo. Claro… ¿por qué se habría de condenar al nazismo entonces? ¿O al fascismo? ¿O al stalinismo? ¿Para qué?
Esta decisión política de la Xunta ignora y desecha los más elementales progresos y avances en materia de Derechos Humanos a nivel internacional, que España ha venido ratificando en organismos y convenciones competentes en la materia. Me viene a la cabeza la frase de una canción del querido catalán: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Y tampoco parece tener remedio el sectarismo y guturalidad del PP gallego.
Esta esquizofrenia de posar para la foto pero actuar por la contraria también se dio cuando la reciente conferencia de presidentes autónomos. Nuñez Feijóo encabezó la delegación de presidentes pepistas que se negaron a suscribir el documento, en el cual se habían integrado casi todas sus propuestas, lo cual habla de una irresponsabilidad institucional y caracteriza una actitud política de estar mirando hacia Génova y no hacia cada respectivo pueblo. Pero luego aceptaron euro sobre euro sin emitir sonido (obteniendo Galicia 350 millones de euros más de financiamiento).
Esta decisión de no participar de la Xunta en el mapa de las fosas, le cierra la puerta a la verdad, a la memoria y a la posibilidad de responder a miles de familia: ¿dónde estás? Tal vez su miedo mayor es que entre los huesos de miles de compañeros aparezcan los de los dinosaurios y teman verse reflejados en su condición arcaica.
Esta esquizofrenia de pregonar para la prensa un código de ética pero tener prácticas políticas como la descripta nos dice que del dicho al hecho hay mucho trecho y que la política y el espectáculo no siempre se llevan bien.
Como dice otro querido cantautor, esta vez criollo, la memoria es el “refugio de la vida y de la historia” y puja por estar “libre como el viento”. En términos institucionales, olvidar es un segundo asesinato.
Gustavo López Pardo.