Desde 2002 la política a través de las organizaciones partidarias y sociales ha construido el camino de la normalización institucional. En este contexto auspicioso para el devenir democrático y republicano, el liderazgo justicialista consiguió superar el déficit de representatividad luego de la implosión del gobierno aliancista.
La peor de las crisis hizo del Movimiento Nacional el recinto de las grandes coincidencias populares. Y el peronismo, en esta tarea de reconstrucción y funcionamiento de las instituciones, ocupa la centralidad del poder como fuerza transformadora inigualable, por la riqueza de su base de sustentación y por mantener vigente la doctrina de la justicia social con una clara opción por la libertad económica y la soberanía política.
A fines del año pasado, el cambio de relaciones de fuerzas en el Congreso, le devolvió a la oposición la esperanza de volver a la Casa Rosada en 2011.
Así, apenas asumidos los legisladores electos el 28 de junio ultimo, el desborde optimista se conjugó con un estilo confrontativo de carácter desgastante para demoler la investidura presidencial, bajo una mascarada de numerosos proyectos alternativos a la posición oficial.
Con el transcurso de los días, la oposición chocó con la realidad y no ha podido imponer sus deseos fragmentados y parciales. Para ello ha instalado un debate iracundo, amplificado por sectores mediáticos calumniadores, en el que abundan los ataques y escasean las ideas viables. Daría la impresión que los opositores quieren aprobar propuestas jacobinas sin disponer de sostén social ni base política. Por tanto, la frustración es proporcional al desengaño, dejando a la sociedad impávida ante una oleada irresponsable de acusaciones variadas con el único fin de justificar su proceder malicioso.
Para llevar adelante un plan político hay que tener con qué y la oposición carece de respaldo mayoritario. Además, son varias oposiciones y entre ellas suele primar la desmesura con tal de ganar espacio. De este modo la inmadurez mezclada con la escasa sabiduría institucional están acorralando al Congreso. ¿Y esto es defender la Constitución?
Si bien las oposiciones creen que la suma de minorías hace una mayoría, olvidan que la mayoría proviene del pueblo. El Congreso participa de la soberanía política porque la recibe del único que manda y legitima en democracia: el pueblo de la nación. Pera las oposiciones responden negativamente y apuestan a "todo o nada” generando tantas dudas como rechazos hasta de quienes las habían votado.
Hoy el panorama político se tensa debido a la salvaje disputa que existe en las oposiciones para liderar la pelea antikrichnerista. En cambio, el liderazgo justicialista permanece inalterable y más allá de los tropiezos, errores y defectos mantiene intacta su vocación de poder para que la Argentina recuperada no sea presa fácil de los oportunistas e improvisados.
José María Díaz Bancalari
Diputado de la Nación.