Aunque el secretario regional del PP, Alfonso Fernández Mañueco, anunció que el partido iba a estudiar la actitud de sus consejeros en Caja Ávila y Caja Segovia, que nadie espere que rueden mas cabezas como la de José Luis Sanz Merino, el ya ex secretario territorial de la Junta en Segovia.
Desde un plano jurídico no cabe adoptar ninguna medida contra los consejeros “díscolos”, ya que la Ley de Cajas señala expresamente que el mandato de los mismos no tiene carácter imperativo. Por lo tanto, en rigor, no cabe hablar de indisciplina ni por tanto de sanción. Por otra parte, el Fuenteovejuna con el que han actuado -con la única excepción del segoviano Juan José Sanz Vitorio- hace difícil la exigencia de responsabilidades políticas internas. Otra cosa será que el desaire sufrido por el presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, no tenga consecuencias cuando llegue el doble proceso electoral de las municipales y autonómicas. Habrá que ver, por ejemplo, si el alcalde de Ávila, secretario provincial del PP y vicepresidente de la Caja abulense, Miguel Ángel García Nieto, repite también como presidente de la Federación Regional de Municipios y Provincias.
La “deslealtad” (Herrera dixit) de los presidentes de estas Cajas, Atilano Soto y Agustín González, ha sentado especialmente mal, habida cuenta de que ambos están a punto de cumplir 12 años como consejeros, siendo por tanto dos de los beneficiados por la reforma de la ley de Cajas aprobada la pasada semana, que amplía ese mandato máximo hasta que se celebren las elecciones para renovar los órganos rectores. En el caso de Soto se da además la circunstancia de que accedió a Caja Segovia en representación de una “entidad de interés general” que ya no existe: el Colegio Universitario “Domingo de Soto”, absorbido hace años por la Universidad de Valladolid.