Tres de diciembre. Día Mundial de las personas discapacitadas. Este domingo se celebra una nueva jornada reivindicativa bajo el eslogan ‘Juventud = Futuro: construyamos un futuro igual para todas las personas’ con el que se quiere incidir en la importancia de fomentar acciones para que en este colectivo no vea limitados sus derechos de igualdad para acceder a un empleo, a la educación o a participar en la vida social y política. En concreto, la inserción laboral es uno de los temas que más preocupa en estos momentos. En Madrid se estima, según datos del 2005, que hay más de 200.000 personas con alguna discapacidad de las cuales el 42 por ciento se encuentra en situación activa. Y de ellos, sólo el 39,4 por ciento tienen un empleo. Unos datos que reflejan el recelo de las empresas a contratar a estas personas que sólo quieren ser uno más en el mundo que les rodea.

“Aunque es verdad que hemos avanzado, queda mucho por hacer”, asegura Javier Font, presidente del Comité de Representantes de Minusválidos de la Comunidad de Madrid (CERMI). En materia laboral, muchos de los problemas que impiden el acceso a un empleo de las personas con discapacidad es su falta de formación. Dice Font que “pretendemos conseguir una educación más especializada para que estas personas puedan ocupar los mejores puestos posibles y cubrir sus expectativas de autonomía”. Limpiadores, conserjes, cajeros, jardineros, manipuladores u otros trabajos con salarios bajos parecen ser los puestos a los que pueden aspirar este colectivo cuya carencia de una mejor formación es el origen del problema para una buena inserción laboral. Lo demuestra el hecho de que un 24,7 por ciento de los madrileños discapacitados de entre 10 y 64 años no ha terminado los estudios primarios.

El recelo de muchos empresarios a contratar personas discapacitadas es la otra parte del problema. Un estudio reciente elaborado por Grupo SIFU, uno de los centros especiales de empleo más importantes de España, señala que el 80 por ciento de las empresas españolas reconoce no cumplir con la Ley de Integración Social de Personas Minusválidas (LISMI), que establece que un 2 por ciento de los puestos de las compañías de más de 50 trabajadores debe corresponder a personas discapacitadas. Y eso que el 70 por ciento de los empresarios que cuentan con ellas están satisfechos de su rendimiento. “Muchas buscan alternativas para no contratar personas de este tipo”, comenta Javier Font. De hecho, las empresas tienen opciones como donar dinero a una entidad dedicada a las personas discapacitadas o recurrir a comprar bienes y/o servicios a un Centro Especial de Empleo, como es el Grupo SIFU.

En la sede de SIFU en Madrid, en la calle López Silva, encontramos que 17 de sus trabajadores, junto con otros 230 empleados en toda España, son discapacitados. “La oficina recibe al mes unas 90 personas en busca de trabajo”, afirma la responsable de Recursos Humanos, Carmen García, que perdió un ojo al nacer por un tumor en la retina. Licenciada en psicología, comenta que nunca ha tenido problemas para encontrar trabajo ni para hacer una vida normal, aunque sí ha sentido “algún prejuicio por el tema de la estética”. Uno de sus compañeros es William Jativa, ecuatoriano, casado y padre de dos hijos, que por un accidente de moto se ve obligado a estar en una silla de ruedas. “No he tenido nunca problemas para encontrar empleo”, comenta a la vez que asegura que Madrid “es una ciudad con un 70 por ciento de accesibilidad”. Encargado de la recepción de llamadas, espera poder estudiar Ingeniería Informática en los próximos años.

Francisco de la Vega, gerente de SIFU en Madrid, afirma que las empresas “suelen estar mal informadas sobre este tema y se acogen a las medidas alternativas de la LISMI para no contratar este tipo de personal”. Eso sí, las compañías que los contratan “se muestran muy satisfechas. En todo caso podemos tener problemas por la falta de valores en relación al trabajo de estas personas. Por ejemplo, hay mucho absentismo o retrasos a la hora de entrar a trabajar”. Una de las empresas que más apuestan por estos empleados es la firma Opencor, filial de El Corte Inglés, que cuenta en su plantilla con un buen número de trabajadores discapacitados, “sobre todo cajeros y reponedores”, dice José Ángel Martín, responsable del Departamento de selección de personal. “Estos trabajadores –continúa Martín- tienen puestos en los que atienden al público y la experiencia es muy positiva. No hemos tenido ningún problema y el personal se ha integrado muy bien en la plantilla y en la dinámica de trabajo”. Tan buenos son los resultados que Opencor incluso espera aumentar su número de trabajadores discapacitados a lo largo del próximo año.
A nivel nacional, un 8,7 por ciento de la población sufre algún tipo de discapacidad y la gran mayoría no participa en el mercado de trabajo. De hecho, dos de cada tres personas discapacitadas se encuentran en situación de inactividad haciendo. Su tasa de paro es del 40 por ciento.