El hurón: Para qué sirve (si sirve para algo) un director de comunicación
jueves 17 de marzo de 2011, 23:47h
Actualizado: 24 de marzo de 2011, 23:46h
Verás, querido Gumer, gestionar la comunicación de una empresa tampoco es tan complicado. La dificultad está en los pequeños detalles que, como te explicaré después, son los que dan al traste con las buenas intenciones. Para que me entiendas: igual que todos los españoles llevamos dentro un seleccionador de fútbol (todos sabemos tanto o más que Del Bosque), casi todos los jefazos saben de comunicación (tanto o más que el mejor director, del mejor periódico). En este puchero, amigo, todo dios mete la mano. Un director de comunicación puede servir para mucho. O para poco. Y todo dependerá de sus conocimientos, de la libertad con la que pueda ejercer su trabajo y, sobre todo, de la administración de la necesaria verdad.
Pero, ¿Qué es la verdad? ¿Cuántas verdades hay? ¿Cómo se administra la verdad? Dando respuesta a estas preguntas podemos encontrar las llaves maestras de un director de comunicación. Porque en el tratamiento de la verdad está la clave. La mentira, jamás, porque es la peor de las apuestas que puede hacer un ‘Dircom’ (siglas de la asociación que reúne a estos profesionales). Porque no poder contar la verdad en un determinado momento no obliga necesariamente a nadie a mentir. Hay muchos matices, tantos como colores tiene un cuadro de Velázquez. La verdad es el bien más preciado para un periodista y de su mano se puede salir airoso de los problemas más peliagudos. Don Jacinto Benavente lo explicaba muy bien: “La peor verdad solo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y por fin el disgusto grande. La verdad, siempre la verdad”.
Un director de comunicación, por decirlo de alguna manera, es el cordón umbilical que une a su empresa con los medios, facilitándoles la información que precisan y recogiendo sus demandas. Posteriormente aplica el termómetro en la información publicada y comprueba la temperatura de todo lo relacionado con su entorno laboral. Hay otros muchos e importantes matices pero aquí se trata únicamente de un apunte y no de una tesis doctoral.
Los desgraciados sucesos de Japón dejan en el aire preguntas de difícil respuesta. ¿Se cuenta toda la verdad de lo que sucede? ¿Es aconsejable dosificarla? Todo depende de la solución. Y, mientras toco madera y miro al cielo, releo una frase del escritor Alex Kerr, autor de ‘Perros y demonios’, que se ha metido en las tripas de aquel lejano país: “Decir la verdad, en muchos contextos, resulta descortés y los propios nipones aprenden y desarrollan su tatemae”. Una fórmula de ocultar información a los ciudadanos, en beneficio de unos pocos que, al parecer, son los únicos que tienen derecho a la verdad.
-Menudo rollo me estás soltando, insiste Gumersindo.
Ni hablar, te he contado el gran secreto y ahora te respondo brevemente a la pregunta inicial. Un dircom sirve para lo que el jefe quiera que sirva. Lo malo y más frecuente es que el que manda intenta suplantar al comunicador, puenteándole o puteándole, incluso. Pecado mortal porque en este caso, más frecuente de lo que te puedas imaginar, el director de comunicación no sirve para nada. El director general de Comunicación de la Junta de Castilla y León, Ángel Losada, puso el dedo en la llaga la semana pasada: “Los políticos desperdician los recursos informativos”. ¡Si lo sabrá él! Y dicho lo anterior remato: hay directores/as de comunicación malos, regulares e, incluso buenos. Yo estaba entre los primeros.
Félix Lázaro. Periodista.
Las notas de Gumer. 1.-Renuncio a mis honorarios anuales si alguien sabe cuántas veces todavía aparecerá en los medios el fotogénico candidato (ya van por 32.501, por lo menos), de cuyo nombre no quiero acordarme y que tendría un espléndido futuro en el pueblo ese donde regalan los Óscar.
2.-Don Juan Vicente, insisto, duerma tranquilo. Es usted un genio administrando la paciencia y la verbal continencia. Con la primera tiene asegurada la pesca en el caladero de los votos y con la segunda, ya sabe, no entran moscas.