www.diariocritico.com
El hurón: Los siete magníficos

El hurón: Los siete magníficos

martes 19 de abril de 2011, 21:48h
Actualizado: 28 de abril de 2011, 23:55h
Mi tío Santiago, Dios le tenga en su gloria, tenía una forma muy particular de filosofar. Un día, cuando los agosteros todavía peinaban la meseta castellana, me dijo que en este país de nuestras entretelas había siete clases de…, supongamos de políticos. Una caricatura que, pasando los años, ha ido tomando forma, hasta convertirse casi en un retrato de la realidad. Hablaba de políticos “finos y entrefinos” (escasos), “marranos y cochinos”  (los pringados), “unos que ladran y otros que muerden” (mogollón) y, por último, “los que ni su madre los endiente” (sobradamente conocidos). Vistas así las cosas me dí cuenta de que mi tío, además de filósofo frustrado, era un magnífico adivino. -Ya lo creo, jefe, por qué no ponemos nombres, sugiere Gumersindo. Demasiado fácil. Los políticos, además de un poco chupópteros, que diría mi amigo García, se clasifican ellos solitos. Lo peor de todo es que nosotros somos  mera comparsa y aplaudimos el ‘juanpalomeo’. Ellos se lo guisan, ellos hacen las listas; nosotros les votamos, les pagamos y les damos un plazo de cuatro años para que hagan lo que les viene en gana. -¿Qué empresa consentiría tanto?, pregunta el mustélido. Eso digo yo, pero esta democracia imperfecta -la más perfecta, dicen, de las formas de gobernar posibles- admite todo. No importa si has estudiado, si tienes experiencia, si has hecho masters Harvard, si hablas idiomas… No importa nada, pero nosotros les dejamos las llaves de la caja fuerte, les damos una ‘visaoro’ y les ponemos un coche oficial. Un chollazo. Aquí no hay directores de recursos humanos, ni procesos de selección, basta con tener un padrino, apuntarse a un partido con posibles y hacer méritos. -Sospecho, insinúa el hurón, que tus hijos no podrán encontrar mejor salida…    Intenté encasillarlos en la lista de ‘los siete’ magníficos, pero no encajaban. Por cierto, hay que ver cómo calientan motores los que se van a someter a este singular proceso de selección. Hay muchos nervios, especialmente, en aquéllos, que son muchos, que han hecho de la política su forma de vivir. ¡Y de qué manera! -Jo, jefe, yo quiero nombres… No, querido Gumer, dejemos al inteligente lector que se divierta. Se trata de un juego demasiado sencillo, casi para niños. Félix Lázaro. Periodista. Las notas de Gumer. 1.-Mi jefe cada vez pinta menos. El presidente ha preferido hacer declaraciones a un periódico de su pueblo y a otro de la capital. Y a nosotros ni una carta, ni una llamada, ni un telegrama. Coño, don Juanvi, va a resultar que usted es como el Mourinho ése, que sólo se habla con los directores. Usted se lo pierde. 2.-Si el párrafo anterior pasa los filtros ‘picalcábeos’, ¿superará el de la señorita Virginia Rottenmayer? Mustélidamente, no me lo creo. 3.-Leído, gran Guerrero (JL), pero no estoy de acuerdo. El gran Mariano no necesita ningún titulo. Él es un ser (mucho más que sir) entrañable, unas manos que acarician las cepas como nadie, un rebujo de papeles con fórmulas magistrales… Es, simplemente, Mariano. Un hombre que, como escribió don Antonio (Machado), “cató de todos los vinos, anduvo por mil caminos y atracó de puerto en puerto”.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios