Pasaba por aquí: La muerte buena
viernes 22 de abril de 2011, 19:53h
Actualizado: 05 de mayo de 2011, 09:15h
“Se hace muy difícil con estas limitaciones acabar sin garantías de no pasar por momentos angustiosos. Quede en la conciencia de quienes impiden la legalización de la eutanasia la carga de los sufrimientos innecesarios”.
Lo arriba escrito no me pertenece. Su autoría es de alguien que murió ahora va a hacer cinco años. Alguien a quien un absurdo accidente dejó postrado pero con el intelecto intacto, armado de razones, filosofías, arte y recuerdos. Defendido por amigos, admirado por ser quien era, por vivir como un artista, un luchador, un soñador, un héroe a su manera (si pudiera leer esto, me sacaría la lengua).
Lo que me resulta más inconcebible es que, cinco años después de su muerte, un irse deseado, anunciado, consciente y meditado, sigamos en este país sin tener derecho, no ya a una muerte digna, sino a una muerte sin más.
A que, adultos y capaces, no podamos pedir al médico que acabe con nuestro dolor sin riesgo a que ese médico acabe entre rejas, como si fuera un asesino (ejem, quizá si fuera un asesino de verdad estaría de parranda como algún otro que usted, paciente lector, conoce bien).
A que, adultos y capaces, insisto, no podamos disponer de una mano amiga que –si nosotros no podemos, imagine lector un parapléjico- nos ayude en ese tránsito y lo haga leve, indoloro y menos angustioso.
Se ha prometido tantas veces una ley de la eutanasia, la buena muerte en griego, que ya no suena más que como un eco en tiempos preelectorales.
Todos nos vamos a morir, es un hecho de Perogrullo. Si nos dieran a elegir, nadie querría acabar la vida con grandes dolores, con sufrimientos espantosos, ahogándose, gritando desgarrado, suplicando la muerte porque ya no se puede tolerar más una vida que no es vida, una vida que no se quiere. Se parece tanto a la tortura esta descripción…
En fin, ahora que pasean por calles y plazas tantas imágenes apodadas “de la buena muerte”, ahora que hace cinco años que nos falta un amigo, por favor, querido lector, relea las líneas que encabezan este artículo y piense en usted y en las personas que le importan. ¿Quiere para ellos sufrimientos innecesarios, despedidas trágicas, dolorosas, inhumanas?
Podemos dejar ir en paz y sin sufrir a una mascota aunque nos duela la última mirada de sus ojos animales. ¿Podemos soportar la mirada vidriosa de otro humano que padece camino de la muerte?
Pregúnteselo usted, lector, usted que contempla las Pasiones recorrer las calles, dolorosas pasiones, rostros retorcidos, caras demudadas. Porque morir hemos de morir todos, pero ¿Por qué ha de ser con dolor?