Grandes rutas y paisajes
Por los infinitos caminos de Cantabria (XI)
lunes 25 de abril de 2011, 12:26h
Actualizado: 29 de abril de 2011, 18:13h

La franja costera de Cantabria se extiende a lo largo de 220 kilómetros por espacios naturales privilegiados, playas, montañas y valles, en los que se ubican las preciosas villas marineras y pueblos de pescadores. En todos ellos se puede degustar los manjares de la zona, especialmente los pescados y mariscos. Las frías aguas cantábricas y la fuerza con que golpean las olas en los acantilados y arenales, hacen que los pescados y mariscos sean de sabor fuerte y carne dynamica. Los marineros cántabros son expertos en su preparación, tanto de la manera más sencilla respectando sus sabores más primarios, como en elaboraciones como guisos marineros como la marmita a base de bonito y patatas, patés y todo tipo de platos. Besugo, lubina, dorada, merluza, chicharro, bocarte, sardina, sarda, langosta, bogavante, centollo, almejas, navajas, mejillones, ostras… todo el reino animal marino tiene un hueco destacado en los hogares y restaurantes de la costa de Cantabria.
Un bocado imprescindible en cualquier bar, taberna, restaurante, chiringuito… de Cantabria son las rabas o calamares a la romana, preparados con diversas especies de cefalópodos y con rebozados diferentes. Los chipirones encebollados, las sardinas asadas, los bocartes rebozados, el pulpo asado, las albóndigas de sarda, el bonito con patatas, lubinas a la sal… son algunas de las preparaciones clásicas de las cocinas cántabras con los productos del mar.
Los caminos gastronómicos costeros tienen un itinerario que se puede hacer comenzando en el extremo oriental y degustando en cada punto el plato típico de cada villa. Castro Urdiales, donde es típico el besugo, y que es la preparación clásica el día de San Andrés, el 30 de noviembre, fiesta del patrón de los manieros. Laredo es famosa por su peculiar forma de preparar el bonito (pollo marino) y también por los multitudinarios concursos de marmitas que se celebran en verano.
Santoña es universalmente conocida por sus conservas de anchoa y bonito y también por la elaboración de la ‘marmite’ el guiso de bonito y patatas, que en verano tiene su propia fiesta con una gran marmitada.
En Isla es imprescindible probar la langosta o bogavante a la plancha y muy cerca de esta localidad, en Ajo, las paellas marineras tienen fama entre las familias cántabras.
En Pedreña es obligado tomar sus almejas, las pequeñas a la marinera y las grandes en crudo. En San Vicente de la Barquera se recomienda degustar el “sorropotún”, una variante de la conocida marmita, y las ostras de cultivo.
En otros pueblos de la costa se pueden degustar toda la rica variedad de pescados del Cantábrico, la villa de Suances celebra, a principios de mayo la cada vez más conocida “Feria del marisco”, dos semanas para degustar los más preciados frutos de mar.
Capítulo aparte merece Santander, la capital, donde confluyen todas las tradiciones culinarias y, dentro de la cocina marinera, son imprescindibles las rabas y los maganos, estos últimos en cualquier preparación.
Vea también:
Infinitos caminos I / II / III / IV / V / VI / VII / VIII / IX / X