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Y no estaba muerto, no, no

Y no estaba muerto, no, no

jueves 19 de mayo de 2011, 12:37h
Última actualización: viernes 20 de mayo de 2011, 23:59h
Vive Dios que este final de campaña se está animando después de quince anodinos días de promesas vacuas y discursos aburridísimos, de mítines vacíos y de descalificaciones mutuas entre los dos grandes partidos mayoritarios, de desencanto y hastío de un pueblo que ya está harto de políticos corruptos y de partidos que miran más su propio ombligo que las necesidades de los gobernados. Este tramo final de la campaña parece haber despertado a una sociedad dormida con un toque de atención sobre la democracia real. Más vale tarde que nunca. Bienvenido sea aunque muchos de los que hasta hace poco lo pedían hablen ahora de una nueva teoría de la conspiración. Y es que entre las bufonadas guerracivilistas de algún candidato local ("Si el PP pudiera, fusilaría a todos los socialistas" -sic- según el concejal sevillano Alberto Moriña), la movida de los "ni-nis" antisistema que, no sé por qué si que seré muy mal pensado, pero me recuerdan mucho la jugada rubalcabiana del "pásalo" del 13-M de hace siete años, y de la astracanada de Hacienda dando por muertos a Javier Arenas y a su esposa, Macarena Olivencia, la cosa se está poniendo interesante, sobre todo para los analistas políticos, que no dan abasto para buscar sesudas interpretaciones a los hechos y retrotraernos a los votantes a julio de 1936, a mayo de 1968 o a marzo del 2004, según les interesa a cada cual.. Pero vayamos por partes. El PSOE andaluz, siguiendo las indicaciones de Pepe Griñán y su plana mayor, había evitado hasta el momento entrar en descalificaciones zafias del adversario porque llevaban todas las de perder. La consigna era: nada de crisis, el paro ni nombrarlo y que el turbio asunto de los EREs falsos se vaya diluyendo en la campaña como un azucarillo en el café. A lo sumo los candidatos socialistas hacían referencia a la derecha reaccionaria y antisocial sin mencionar los recortes (lagarto, lagarto) que pusieran sobre el tapete electoral al más del millón de parados de esta comunidad. Pero hete aquí que a un descerebrado concejal sevillano se le ocurre la genial idea de calentar el ambiente y hacer méritos ante Pepe Bono aludiendo a los pelotones de fusilamiento de la derecha (la izquierda, por lo visto, no fusiló a nadie) y rememorando triste épocas pasadas que nada tienen que ver con lo que está ocurriendo en esta Andalucía de principios del siglo XXI. Él, Moriña, sigue viviendo no ya en el siglo XX, sino en el XIX, aunque lleva varios años formando parte de la Corporación que dirige los destinos de esta ciudad en coalición con la IU de Antonio Rodrigo Torrijos, otro al que también le gusta mucho recordar fusilamientos y guerras civiles. Y es que todo lo malo se pega. Nadie, ni siquiera el bueno de Juan Espadas, ha llamado la atención al susodicho, pero me cuentan que a Griñán no le ha gustado nada la salida de pata de banco de Moriña. No quiero entrar a analizar lo  del llamado movimiento del 15-M porque sesudos tertuliano ya han destripado por activa y pasiva este nuevo Mayo del 11. Lo único que me preocuparía sería que el 23-M desaparecieran los campamentos de la Puerta del Sol y de las Setas de la Encarnación. Eso sólo significaría que toda esta "movida", cuya naturaleza primigenia es muy loable, fuese un montaje de algún partido para volver a enmarañar unas elecciones. No sería ni la primera ni la última vez y hay expertos en este tipo de manipulaciones que ocupan altos cargos en el Gobierno de Zapatero y que aspiran, incluso, a suceder al actual presidente del Ejecutivo. El PSOE andaluz, por si acaso, ya está haciéndole guiños de apoyo, y eso es bastante mosqueante cuando la mayoría de los integrantes de las concentraciones son jóvenes en paro.  Ya veremos en qué queda. Por lo pronto me reservo mi opinión aunque de verdad me gustaría que fuese una iniciativa independiente, pacífica y veraz. Me bastaría con eso. Por último, la anécdota de esta campaña es saber que tanto el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, como su esposa, Macarena Olivencia, están muertos para Hacienda. Y yo sin enterarme. Menudo periodista ¡Anda qué...! Si yo fuese Arenas no protestaría ni pediría investigación alguna. Así al menos te dejan tranquilo todos los mayos de cada año. Cosas de la informática, dicen. Qué mala suerte tiene Javier Arenas con esto de la informática. Manipularon su biografía en Wikipedia y ahora lo entierran en vida. Claro que a más de uno que yo me sé le hubiese gustado que lo del fallecimiento fuera verdad, ¿verdad Pepe?. Sin comentarios. Se me viene a la memoria aquella antigua canción de Peret que decía: "...Y no estaba muerto, no, no, y no estaba muerto, no, no, y no estaba muerto, no, no, que estaba en plena campaña".    
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