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Diariocrítico de Catalunya, en la concentración

Plaza de Catalunya: Consignas de siempre en versión evolucionada

Plaza de Catalunya: Consignas de siempre en versión evolucionada

La única ideología que no parece admitir contestación para ellos es la que ha inspirado su movimiento

sábado 21 de mayo de 2011, 18:12h
Actualizado: 23 de mayo de 2011, 14:39h

"Yo no soy anticapitalista", la frase la pronuncia una chica en un acto en el que se da cuenta del manifiesto aprobado por los acampados y nadie la silba ni se le tira encima. Y es que los concentrados de la plaza de Catalunya en demanda de un nuevo estilo de política han optado por mostrarse abiertos a cualquier tendencia, dando a entender que el descontento puede ir más allá de ideologías. Pero, en el fondo, todo no deja de ser más de lo mismo porque la idea con la que uno sale del entorno es que todos los males de nuestra sociedad y nuestra política se deben al capitalismo. En definitiva, la vieja canción en versión 2011. Porque, eso sí, también queda la sensación que se repite otro viejo tic de manifestaciones parejas como es que de lo que no se puede discrepar es del posicionamiento de los concentrados, esa es la única ideología incontestable.

No se puede hablar de organización ni de manifiesto asambleario ni nada parecido porque, si bien parecen logísticamente bien organizados, en la comunión por una idea no lo parecen estar tanto. En la reunión para explicar los acuerdos tomados se hace patente este último extremo, como que también hay una cierta confusión entre individualidad y colectividad. El megáfono desde el que se dan las explicaciones no se oye muy bien, así que es difícil precisar a qué viene la acusación, pero alguien acusa de "manipulación"... Ya empezamos. Luego, la chica que dirá que no está en contra del capitalismo viene a explicar que al manifiesto de Madrid -no es un secreto ni, desde luego, una crítica, explicar que la plaza de Catalunya y la Puerta del Sol están interconectadas- se han añadido otros puntos desde Barcelona pero al de Barcelona se le han sumado otros a los que luego les han sucedido nuevas modificaciones, que... total, un poco olla de grillos, la cosa. Y es aquí cuando el cronista, que como explica no ha acabado de escuchar bien algunas cosas, le pregunta a un señor que tenía al lado: "¿Ya se pelean entre ellos?". Total que unos metros más allá, y con el típico tono de autoridad moral que se autoatribuyen los miembros de colectivos reivindicativos de una u otra cosa, un asistente le espeta "no son unos contra otros, aquí no hay nadie contra nadie, todos somos lo mismo. ¡Tú eres lo mismo!", sin escuchar, claro, la réplica que, por otra parte, no se da. Pero la evidencia, amigo mío... En fin, que lo único que no admite discrepancia es su posicionamiento. Como también parece demostrarlo otro episodio vivido. A pesar de la incitación al civismo, con múltiples carteles repartidos por toda la plaza, solicitando que nadie ensucie, lo cierto es que los concentrados sí que han hecho algún destrozo, que ellos mismos admiten y, lo que es peor, justifican. Así es del el parterre de la plaza que coincide con el final del paseo de Gracia, lado montaña, del que han arrancado las flores para crear un pequeño huerto -que cabe pensar que no disfrutarán, pues es difícil pensar que se apalanquen por mucho tiempo-. Una señora, que dice estar de acuerdo con todo lo que reivindican, que afirma haber estado en toda cuanta manifestación por el 'No a la guerra' y también en épocas del franquismo, pues tiene 72 años, les afea este hecho concreto. "¿Vamos a llorar por ello, por las flores?", les recrimina una jovencita. A su lado un hombre típico y tópico de estas 'movidas', con aspecto de viejo luchador ideologizado que pretende dar lecciones de historiografía añade, para cerrar la discusión, que "las flores no se comen, señora". Otra vez, pues, la razón porque sí. Más allá de estos hechos puntuales, diríase que la concentración se ha producido coincidiendo expresamente con las elecciones de este domingo pero, desde luego, sin ningún ánimo de influir en las mismas. Por mucho que algún indocumentado 'cavernario' haya querido ver manos partidistas de las izquierdas, es difícil que sea así. A la izquierda de la izquierda Porque, todo hay que decirlo: aunque se quiera disimular, esta manifestación -como todas las de su perfil; como son la mayoría de manifestaciones del mundo mundial- es izquierdista, es cierto. Pero, vamos, en Barcelona seguro que el candidato de ICV, Ricard Gomà, no sacará ningún beneficio directo de la misma. Porque el perfil de los concentrados es el de una izquierda que va más allá. Es, claramente, antisistema, con todas las connotaciones que pueda tener el adjetivo para lo bueno y para lo malo. Porque, seguramente, tienen alguna razón para pedir cambios pero, sobre todo, hay que aplaudir las constantes apelaciones a que hacen para no entrar en los métodos violentos, muy comunes entre estos grupos. Pero es que, además, la verdadera -y utópica y naïf- vocación es la de ser el inicio de un movimiento internacionalizador. De ser una nueva versión de, por ejemplo, el Mayo del 68 (y no apuntamos el típico 2.0 tan de moda cuando se habla de nuevas generaciones porque de eso, por allí, más bien poco). Y de ahí las diversas consignas destinadas a que sean leídas por, por ejemplo, los turistas, escritas en inglés: en una, se incita a "compartir este sueño". Ahora bien, otro aspecto -este, de nuevo, positivo- que se puede observar, y que daría la razón a esa vocación 'transversalista' -aunque, insistimos, con enemigo único capitalista 'per se'- es la falta de visualización de colectivos o de denuncias a políticos en concreto. Ejemplifica bien esto último una de las actividades que hay, que es una catapulta desde la que se pueden lanzar muñecos que representan a estos últimos. Vistas las caras, no buscan parecerse a nadie en concreto, como también suele suceder en estos casos. Tal vez el que hizo los muñecos no sabía dibujar muy bien, pero no parece que sea la causa. Tampoco los colectivos -bueno, el feminista sí: parece ser de aquellos 'lobbies' que tienen bula- se significan y aún más, puede destacarse la ausencia de símbolos concretos. Si no es que a quien escribe esto se le ha escapado, ni una sola hoz y martillo, ni una sola 'a' inscrita en un círculo. Claro que, eso sí, hay tics que siempre perviven y el buenismo propalestino -también sucede en los casos de Tahrir y Finlandia- tiene una plaza dentro de la propia plaza. Asimismo, también se denota la presencia de 'frikies' habituales, como ese que se pasea habitualmente Rambla arriba, rambla abajo lanzando mensajes apocalípticos u otros personajes que explican alternativas a la producción agropecuaria actual y las apoyan en criterios empíricos. "Si esto es así y no lo estamos aplicando es que somos idiotas", comenta un asistente, después de escuchar cómo se podría mejorar el consumo del agua con alternativas a las soluciones actuales. Claro, lo que falta es que la perorata esté en lo cierto.
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