Galicia: Mitad de legislatura
Pérez Touriño empeñado en ejercer de 'reina madre'
miércoles 01 de agosto de 2007, 12:05h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Será a mediados de este mes de agosto cuando la primera legislatura del bipartito llegue a su mitad. El 59,1% de los gallegos, no obstante, aprueba la gestión política y económica del actual Gobierno. La bicefalia (im)perfecta hay que interpretarla más en clave electoralista que de realizaciones concretas, que las hubo. Pero lo que vende Pérez Touriño es la transición postfraguista. Eso sí, el Consello de Contas ha suministrado un fuerte varapalo al actual ejecutivo gallego a cuenta, entre otras cuestiones, del proyecto Cidade da Cultura, recibido del anterior gobierno del PP.
Democratización y transparencia, bienestar y medioambiente, son los ejes que la Fundación Iniciativas-21 (un híbrido entre thin tank y catalizador de la sociedad civil, que funciona como una auténtica guardia pretoriana del presidente) le ha servido en bandeja a Emilio Pérez Touriño y que, en esta semana de fastos conmemorativos, ha recogido el presidente de la Xunta con la anuencia, entre indiferente y resignada de sus consocios del Bloque Nacionalista Galego.
Las ideas fueron recogidas –de hecho, la estaba esperando como agua de mayo-- por el presidente de la Xunta. Para Pérez Touriño el cambio emprendido es ante ¬todo "un cambio de mentalidad"; y el pasar de "una cultura de la subvención" a "un país emprendedor, centrado en la capacidad de su sociedad ¬civil y en la cultura del conocimiento". El presidente gallego anda proclamando a los cuatro vientos su empeño por ¬ "devolver poder a los ciudadanos", con herramientas de control como la ley de subvenciones y, de paso, subrayando (para ser exactos, vendiendo) que la sociedad gallega fue capaz de "hacer en dos años una transición" hacia un modelo político de "renovación".
No es esta, precisamente la percepción que tienen los cuadros socialistas en las cuatro provincias gallegas. A una gran parte de estos mandos intermedios, fundamentales en el engranaje de transmisión de las ideas y la política de partido, mentarles Iniciativas-21 es como mentarles la bicha. Para un cuadro lucense, con responsabilidades comarcales y mucha política en los zapatos el presidente de la Xunta y secretario general del PSdG-PSOE, “se ha rodeado de una corte de consejeros áulicos, ajenos a la estructura del partido y se empieza a comportar como una reina madre”. Cargos electos socialistas, militantes comprometidos y personas afines desean que Touriño gobierne, que haga política y que no deje la iniciativa en manos de Anxo Quintana, vicepresidente de Igualdad y Bienestar y los conselleiros del BNG.
Los socios del BNG
Porque, como se ha visto en el cierre de los acuerdos municipales tras los comicios del pasado 27 de mayo y las negociaciones a cara de perro con el BNG, como en el Ayuntamiento de Pontevedra, más el aún no resuelto caso de Lugo y el personalismo el alcalde en minoría, el socialista Xosé Clemente López Orozco, no hay nada idílico en un gobierno de conveniencia, en cuyos pactos constitutivos, Pérez Touriño cometió el grave error de permitir consellerías blindadas, en las que los titulares nacionalistas hacen y deshacen a su antojo, como es el caso de la de Medio Rural.
Durante los dos primeros años de la legislatura, con evidente acierto, el Bloque Nacionalista Galego ha estado jugando sus cartas, tanto en el Ejecutivo, como en el Parlamento gallego. Nada tienen que perder con ello y sí mucho que ganar. De ahí que el vicepresidente Quintana (BNG) ande arriba y abajo del país gallego, pasando, al modo fraguiano, la mano promocional sobre el lomo de los ancianos autóctonos, en encuentros con merienda y baile incluidos. Lo que, hace 24 meses –una eternidad en política—, Anxo Quintana reprochaba a Manuel Fraga, es ahora no sólo justo y necesario, sino, además, moderno y progresista. De venderlo se encarga el propio aparato promocional de la vicepresidencia, que goza de completa autonomía publicitaria, con criterios y campañas propias.
Una sociedad como la gallega, que sigue, en buena medida, marcada por un fatalismo colectivo, contempla sin demasiadas sorpresas la patrimonialización de los diferentes departamentos del Gobierno autónomo según el color político del conselleiro. Sucede con Cultura, pero también con Vivienda y Urbanismo y, por descontado, con medio Rural, la gran apuesta del BNG por expandirse electoralmente más allá de las ciudades.
En el Parlamento gallego, según se ha visto obligado a decir públicamente en varias ocasiones Ismael Rego, portavoz socialista. “el BNG no puede estar por la mañana gobernando y por la tarde haciendo oposición parlamentaria”. No obstante, la formación frentista, con su portavoz parlamentario, Carlos Aymerich, sigue fiel al comportamiento criticado, tanto en los Plenos., como en las comisiones y en la propia junta de portavoces.
La oposición
Si el Partido Popular de Galicia, con Fraga como timonel, gozaba de una cierta autonomía frente a las políticas de hierro marcadas por su ejecutiva de la calle de Génova, las elecciones de junio de 2005, con la retirada del veterano político y la subida de Alberto Núñez Feijóo, supuso no sólo el recuerdo de las bien provistas ollas del ejercicio del gobierno, sino e ceñirse fielmente a las directivas de guerra total marcadas por Mariano Rajoy y su equipo de la Ejecutiva Nacional. Por si fuera poco, el 27 de mayo, los poderes locales del PPdG se vieron reducidos notablemente. Empieza, por tanto, la travesía del desierto del PP, que, en el último sondeo, el encargado por la Xunta, queda con una intención de voto del 18,2% (los socialistas obtendrían el 27% y el BNG el 15,8%), muy lejos, por tanto de los resultados de Fraga.
Durante los 24 meses transcurridos desde su pérdida del gobierno, el PPdG ha ejercido la oposición entendida como enmienda a la totalidad, más por imposiciones externas que por intereses propios. Incluso, se ha ido a la desgalleguización, impensable en la época de Fraga, reconvertido en regionalista gallego. De ahí que el proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía, para cuya consecución los populares gallegos tienen la llave, quedara aplazado sine die. El tibio consenso ofrecido por Núñez Feijóo quedó fulminantemente vetado por la Dirección nacional del PP. No hubo vuelta atrás, pese a las concesiones de última hora del BNG.
El monte en el zapato
Lo peor de la herencia que hace dos años recibió el Gobierno bipartito que preside Emilio Pérez Touriño, no son las listas de espera en la Sanidad Pública (el actual gobierna las ha reducido en términos reales y casi las hace desaparecer en términos propagandísticos, al modo y manera de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid), ni los pufos económicos del fraguismo (cerca de 14 millones de euros de dineros asignados a dedo a diferentes medios de comunicación gallegos), sino el mamotreto a medio construir en el compostelano monte Gaiás. El proyecto de Cidade da Cultura (gestionado por la Fundación del mismo nombre, creada por el actual ejecutivo gallego), que tenía que haberse rematado hace ahora dos años. Con un presupuesto inicial de 132,3 millones de euros, según el informe entregado por el Consello de Contas al Parlamento de Galicia, la cantidad se ha triplicado y ya va por los 373 millones, cuando aún se encuentran en fase de construcción dos de los siete edificios del complejo (Casa do Mundo y Escenario Obradoiro).
La reacción del Gobierno bipartito ha sido unánime y dynamica, incluyendo al BNG, inicialmente muy críticos con el faraónico proyecto fraguiano: “forma parte de la herencia recibida”. No obstante, el Consello de Contas, que analiza año a año el desarrollo y la gestión económica del proyecto, tampoco deja bien parado el período que le corresponde al bipartito: denuncia la indefinición arquitectónica, la “subestimación de la complejidad y dimensión económica de las obras” y –esto es lo que ha molestado enormemente al Gobierno de Pérez Touriño, directamente afectado ya— la indefinición de los contenidos del complejo. Ahí, el Consello de Contas, antes de las vacaciones, coloca el monte Gaiás, en el zapato autocomplaciente del Gobierno, al subrayar que debería elaborarse un modelo de gestión, así como hacer una “rigurosa evaluación de los contenidos y servicios en relación con su demanda real, costes de funcionamientos y su utilidad social y cultural con el fin de justificar el empleo de fondos públicos de acuerdo con los principios de eficacia, eficiencia y economía”.
Tras recibir el apoyo logístico de Iniciativas 21, Pérez Touriño, antes de irse de vacaciones, como colofón a los dos primeros años de su mandato, tiró de los resultados de la última encuesta sobre el Clima Social de Galicia. Le vino como anillo al dedo. El 59,1% (10 puntos más que hace tres meses) de los encuestados está satisfecho con la gestión del Gobierno de la Xunta. Hay optimismo, incluso cuando los ciudadanos manifiestan sus preocupaciones. La primera de ellas sigue siendo el empleo (24,1% de los encuestados), y la segunda, la vivienda (el 9%). Y por ahí, el resto... A Touriño le dan 5,78 puntos, al vicepresidente nacionalista Anxo Quintana, un 5,29, mientras que Núñez Feijóo el líder de la oposición le dan un suspenso, 4,34.
En septiembre, nuevo curso. Touriño seguirá reinando, por encima de BNG y del PPdG, con la cada vez más notable suspicacia de los socialistas. Y eso que durante estos dos años, según la encuesta citada sobre el Clima Social de Galicia, el Gobierno de Rodríguez Zapatero también obtiene el 54,4% de aceptación.