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La Masificación de la Cultura

La Masificación de la Cultura

viernes 30 de noviembre de 2007, 22:45h
Actualizado: 21 de diciembre de 2007, 04:10h
Traspasada la barrera del apagón  provocado por la dictadura durante 17 años, en Chile se afianza lenta, sostenidamente y cada vez con mayor fuerza la posibilidad de un acceso masivo a la cultura a través de  un proceso potenciado  desde 2003 con la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA).

El CNCA, creado trece años después del fin del régimen castrense,   en su corta vida ya está generando a lo largo de todo el país y de manera  transversal  un mayor acercamiento hacia las distintas expresiones de las artes.

Durante los últimas semanas una vorágine de actividades han tenido lugar de norte a sur, como la denominada fiesta Chile+Cutura, a través de la cual los consejos regionales del CNCA e instancias locales han puesto al alcance de la mano de miles de personas la música, la pintura, la fotografía, la literatura entre otras tantas manifestaciones, provocando a la vez una activa participación de los actores locales para, en definitiva, sembrar  y no sólo mostrar cultura.

La Fiesta del Cine, que se extendió a una semana en su última versión y con dos y no uno los días de “cine a luca”, sobrepasó toda expectativa para satisfacción de los cinéfilos que ocuparon masivamente las butacas, un evento realizado también a lo largo de todo el país y en torno al cual se crearon condiciones especiales para llevar el séptimo arte a la tercera edad, discapacitados o enfermos que disfrutaron del cine en hospitales.

Una actividad positiva a la par para la industria del cine, el espectáculo con el mayor número de espectadores en el país, por encima  del fútbol.

En un fugaz recorrido por los pasillos del arte cabe  destacar  igualmente la instalación permanente de obras de nuestra Violeta  Parra en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, la Feria Internacional del Libro, el Día Nacional del Artesano, el Día Nacional de la Música, entre otros tantos eventos, concursos, premiaciones u homenajes, como el rendido –ya en otro nivel- a  Gonzalo Rojas en sus 90 años o al argentino  Julio Bocca, distinguido con la Orden al Mérito Pablo Neruda al finalizar su carrera profesional de un cuarto de siglo y cuando ya transita por las cuatro décadas e igual distinción conferida al cubano Leo Brouwer, uno de los más connotados  músicos a nivel mundial.
 
Pese al poder de atracción de la TV abierta y sus “cautivadores” contenidos insertos en la llamada cultura de la pobreza,  la espiral de actividades culturales, su intensidad y amplitud a través de numerosos proyectos concursables en todas las disciplinas del arte, van generando nuevas actitudes, más participación, nuevos “gustos”; se está instalando lenta y sostenidamente un hábito, una mayor  sensibilidad cultural que –claro está- producirá más demandas con mayores exigencias, tanto en  lo cualitativo como en lo cuantitativo… porque todavía falta.

Y estas sensibilidades que despiertan con más fuerza en primavera, se manifiestan también con orgullo en los lugares más modestos. Impresiona ver, por citar un ejemplo presente en no pocos barrios, como cautiva a muchos pobladores, adolescentes, adultos, ancianos  niños, hombres y mujeres, la actividad que desarrollan en modestos talleres de artes manuales dirigidos por abnegadas gestoras culturales.

Impacta el brillo de los ojos cuando embargados de temor a lo desconocido comienzan a moldear un pequeño cacharro de greda y luego a descubrir sus habilidades e internarse a una vida que les era absolutamente ajena y distante. Ocurre algo así como el milagro del barro.  Aunque, claro, son momentos  efímeros, escasean recursos y constituye un “lujo” fugaz y un sueño en suspenso hasta el próximo año, cuando emergen otra vez los sencillos proyectos concursables promovidos por municipios.

Todo un desafío para los encargados de institucionalizar la cultura, es decir desde el Estado promoverla y  llevarla a todos los rincones y sectores del país, de manera más continua, más diversa, más plural, mostrando y creando, con distintos objetivos y en variadas formas.

Está pasando en la cultura, un poco más aceleradamente que en otros sectores, aquello de la sociedad inclusiva. Se está generando más acceso. Ahora, cabe hacer notar que las iniciativas y espectáculos masivos (Días de la Música, Chile+Cultura, Semana del cine, las labores artesanales de barrio, entre otras) han sido y son eventos  gratuitos o a un muy bajo costo. Es la gratuidad  lo que ha ayudado de manera significativa, por ejemplo, a las exitosas jornadas de teatro de verano en distintos municipios del país, siempre con llenos totales.

No mantener esa gratuidad, la promoción y la inserción en la cultura  sería continuar atrapados en la sociedad excluyente, en la “cultura de la pobreza”. No hay que perder de vista el dato atroz de la inequidad económica y una de sus tantas secuelas: cero posibilidades de acceder por propios medios al arte en el segmento social que más necesita de cultura y educación,  la gran mayoría de los chilenos. Ojala crezca y se multiplique el milagro del barro.

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Manuel Villar Burchard
Periodista
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