Una ingeniera de montes y empresaria forestal, Pino Pliego, firmaba el pasado 16 de agosto una "tercera" en ABC titulada 'Todos (pero todos) contra el fuego', que concluía en estos términos:
"Es urgente que todas las autoridades, sin distinción política, acuerden un enfoque territorial conjunto y actúen con voluntad real. El monte no entiende de fronteras ni de ideologías, y el fuego tampoco. Sólo con unidad, prudencia, continuidad y planificación se podrá reducir el impacto de los incendios y proteger de verdad nuestro patrimonio natural y humano".
La conclusión, emitida por una profesional independiente y con todo el sentido común del mundo, no puede ser más clara…. Pero también más desalentadora. Sí, como indica Pino, las premisas para que el año que viene no superemos con mucho las 500.000 hecttáreas de suelo quemado (viviendas, haciendas y cultivos incluídos) son la combinación de "unidad, prudencia, continuidad y planificación" entre nuestros políticos, ya les digo yo que podemos ir preparándonos para lo peor.
Después de la inacción, el escaqueo y la sacudida sistemática de responsabilidades (me gustaría encontrar por una sola vez y sin que sirva de precedente, el reconocimiento de algún error en la gestión del gobierno), nuestro presidente acude comúnmente al teatrillo de la oferta a los partidos de oposición de pactos de estado o a la vía de la creación de alguna nueva comisión interministerial.
La experiencia de estos 7 años continuados de gobierno Sánchez, sin embargo, nos lleva siempre a desembocar en fórmulas legales grandilocuentes y pomposas aunque vacías de contenido específico, plazos concretos o responsabilidades compartidas que, además, llegan al BOE no en forma de ley consensuada sino de Real Decreto Ley, es decir, de ordeno y mando, para poder seguir argumentando que el gobierno ha hecho todo lo posible y que sólo una oposición cerril que se enfrenta sistemáticamente a cualquier iniciativa gubernamental, es la única culpable de que los pactos de estado no acaben siendo posibles.
Claro, que con la experiencia de la imposición de esos cambios radicales en política exterior (cesión del Sahara a Marruecos sin contrapartida seria alguna), educación (Ley Celáa), igualdad (Ley del Sí es sí, de la ínclita Irene Montero), vivienda y alquiler (a través de una ley que ha provocado los mayores incrementos en los últimos años del precio de venta y alquiler de vivienda en nuestro páis), el abuso ante los empresarios para forzar varias subidas consecutivas del salario mínimo (parece que es lo único que sabe hacer Yolanda Díaz, además de traicionar a compañeros de viaje y de partido), por no hablar del inconstitucional encierro durante varios meses de toda la población como consecuencia de la pandemia del covid, y de otras tretas jurídicas sistemáticas para seguir alterando la Carta Magna por la puerta de atrás…Digo que, después de todo esto, se hace muy difícil creer ahora que hay verdadera voluntad política de llegar a pacto de estado alguno, ni siquiera contra el cambio climático -como tanto gusta a Sánchez denominar a las riadas y a los incendios, consecuencias más de la falta de previsión que del aludido cambio-, es de una inocencia impensable o de un retorcimiento político que ya no puede sorprender a nadie.
Se han retorcido de tal modo los conceptos de mayorías, minorías, pactos, progresismo, derechas y ultraderechas; se ha propiciado de tal modo el enfrentamiento entre media España y la otra media, que así es imposible que se llegue a cualquier tipo de acuerdo entre el gobierno Sánchez y los partidos nacionalistas que lo sostienen con los demás partidos de oposición. Justamente lo contrario de lo que sucedió desde 1978 en el marco de la constitución, en dónde fue posible que cristalizasen pactos diversos entre partidos de todo el espectro político y parlamentario español: pactos de la Moncloa, autonómicos, antiterrorista, de Toledo o contra la violencia de género, por poner sólo algunos ejemplos.
Es difícil llegar a un pacto mientras sigan siendo la retórica y la propaganda las principales armas de un gobierno ya sin ideas, sin posibilidad de sacar adelante en el Parlamento nuevas leyes (comenzando por la de Presupuestos, ya 3 años prorrogada), y mientras que ese mismo gobierno irresponsable permanezca entregado de lleno al dolce farniente allá en La Mareta, Mojácar, el resto de playas levantinas y demás sitios de descanso, lo más alejados posible de los focos de fuego que han ardido durante semanas por toda España, como si ese asunto no fuese con ellos. Y es que lo suyo, ya lo estamos viendo, es culpar siempre de todo a la oposición (pase lo que pase, es y será la gran responsable de todo lo malo que hay en España…), y a seguir en la propaganda, pero sin importarle un bledo la búsqueda de soluciones. Así nos va, dentro y fuera de España.