Este lunes va a comenzar en la Audiencia Provincial de A Coruña el juicio por la Primitiva millonaria, con un premio de 4,7 millones de euros, que acabó en saco roto después de que su ganador muriera sin saber que había sido ganador.
El motivo no es otro que cuando fue a comprobar a una administración de Loterías si su décimo había sido premiado, el encargado del establecimiento le dijo presuntamente que su boleto no había ganado nada. Después de ello, éste se quedó el billete y comnezó junto a su hermano, precisamente el jefe de la delegación provincial de Loterías en la provincia, los trámites para conseguir cobrar el premio.
Ahora, los dos se enfrentan a 6 años de cárcel por distintos delitos. En concreto, el lotero por un delito de estafa y uno de apropiación indebida y su hermano por uno de blanqueo de capitales y de encubrimiento. El Ministerio Público también pide en su escrito que se entregue el boleto premiado a los herederos del hombre, al que la Policía Nacional terminó identificando como legítimo propietario, aunque lo hizo ya después de su muerte.
Los hechos nos llevan al 2 de julio de 2012, cuando Manuel Reija, lotero de la administración número 22 de A Coruña, afirmó que había aparecido en su establecimiento un billete de la Primitiva premiado con el gordo en el sorteo del 30 de junio. Después de ello, el Ayuntamiento de la localidad, siguiendo con las directrices del Código Civil, se encargó en un principio de custodiar el boleto y tratar de dar con su propietario. De no aparecer su dueño, el premio podría terminar cobrándolo quien lo había encontrado, es decir, el propio lotero.
Más de 300 personas afirmaron ser dueñas del billete
El caso terminó judicializándose y, de hecho, hubo más de 300 personas que afirmaron ser las dueñas del billete. Muchos gastaron dinero incluso en abogados para tratar de demostrar que ellos eran los verdaderos propietarios. Sin embargo, las autoridades terminaron descartándoles a todos después de comprobar que el misterioso dueño había comprobado el boleto en la administración de San Agustín, pero que, en realidad, tenía el sellor de otra administración a 3 kilómetros de allí, en un centro comercial.
Después de eso, siguiendo el rastro de otras apuestas previas parecidas, las autoridades lograron dar con el dueño de dicho billete. No era ninguno de los 300 aspirantes, sino un jubilado que había muerto en 2014 y que apostaba sin que lo supiera su mujer, de ahí que sus familiares no sabían tampoco lo que podía haber pasado.
En paralelo a la búsqueda del dueño del boleto, lo cierto es que la Policía ya empezó a poner sus ojos en el propietario de la administración. Su aspiración a quedarse con el billete despertaba sospechas debido a sus numerosas contradicciones en lo que declaraba, a su poca colaboración para descubrir al verdadero autor del billete y al hecho de que su hermano era el encargado provincial de Loterías.
El lotero mintió al hombre y se quedó el billete
Con todo, la Fiscalía llegó a la conclusión en su escrito de acusación que el 2 de julio de 2012 que el propietario del boleto fue a la administración del mercado de San Agustín para comprobar si alguno de los billetes que había sellado 6 días antes en el centro comercial tenían premio. Al dárselos a Manuel Rejía, éste los metió en la máquina correspondiente para comprobar si tenían premio. De acuerdo con la versión de la Fiscalía, al ver que uno tenía premio decidió mentirle al apostante diciendo que ninguno había sido agraciado, con lo que el jubilado optó por marcharse sin ningún resguardo. Después de ello, el lotero introdujo por segunda vez el boleto en la máquina para volver a comprobarlo y separarlo del resto.
"Conocedor del alto importe del premio al tratarse de primera categoría, se lo quedó para sí, junto con los demás boletos, y no comunicó al apostante dicho extremo ni tampoco le devolvió el resguardo ni el comprobante expedido por el terminal, convenciendo así al propietario de que no había obtenido premio alguno", asegura la Fiscalía.