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De cuando lo que sucede en el mundo nos afecta

martes 14 de abril de 2026, 08:01h

Uno de los ejercicios más difíciles en política es mantener la calma cuando el huracán de los acontecimientos globales golpea sin cesar. Pero precisamente por eso, porque lo que ocurre más allá de nuestras fronteras terminará por sentarse en nuestra mesa, conviene hacer una pausa, respirar y ordenar las ideas. Vamos por partes, con la serenidad que exige el análisis, pero sin perder de vista la crudeza de los hechos.

El Partido Único Europeo es una realidad. No me refiero a una formación inscrita en un registro, sino a una mecánica de funcionamiento: todos los partidos del arco parlamentario español —desde el Gobierno y sus socios, pasando por el Partido Popular, e incluso Podemos— han mostrado la misma alegría ante la reciente derrota de Viktor Orbán en Hungría. Las mismas afirmaciones, el mismo entusiasmo. Los woke, que tanto presumen de rebeldía, han dejado claro que no desean soberanía, sino sumisión a la mafia de Bruselas. Y permítanme un ejemplo muy claro, para que todo el mundo me entienda: lo ocurrido en Hungría es como si en España gobernara Abascal y le ganara las elecciones la señora Ayuso. Eso es, ni más ni menos, lo que ha sucedido. Magyar ha derrotado a Orbán, y la Europa unipartidista ha celebrado su victoria como propia.

Pero antes de profundizar en las consecuencias internas de este cambio, conviene detenerse en el tablero internacional. Porque mientras las “izquierdas” discuten de pactos y coaliciones, fuera siguen moviéndose las piezas del imperio. Estados Unidos, espoleado por el ente sionista de Israel y el sionismo internacional, ha provocado la ruptura de las negociaciones entre Irán y el Imperio. Lo han hecho atacando Líbano, donde Hezbolá les planta cara e impide su avance y ocupación. No se dejen engañar por los titulares: la resistencia existe y es efectiva. Rotas las negociaciones, Trump anuncia el bloqueo de los puertos de Irán. Si se formaliza, eso significa una sola cosa: la guerra continuará. Y cuando la guerra continúa, los pueblos del mundo —y de forma muy especial Europa y España— nos hacemos más pobres. El imperialismo nos hace pobres. Esa es una verdad que deberíamos grabar a fuego.

Volvamos ahora a Hungría y a esa falsa oposición entre europeístas y nacionalpopulistas. El nuevo mandatario húngaro es derechista, sí, pero está vinculado al europeismo profundo. Como Ayuso. Por tanto, se desbloquearán los 90.000 millones de euros que la UE desea enviar a la guerra en Ucrania. ¿Y eso qué quiere decir? Muy sencillo: esos euros para la guerra los pagamos todos. Las políticas de rearme que la UE impulsa nos harán más pobres, provocarán peor sanidad —si es que eso era posible— y peor educación pública. Porque el dinero no es infinito, y lo que se va a tanques y misiles no llega a hospitales y escuelas. Así de claro.

Mientras tanto, Pedro Sánchez acude a China. Y aquí conviene hacer un ejercicio de honestidad, aunque duela. Sánchez va a China porque ya sabe —o debería saber— que la potencia asiática es la economía más saneada del mundo y técnicamente la más avanzada. La Unión Europea ha cerrado nuestra industria, Estados Unidos nos carga de aranceles y boicots comerciales. ¿Qué nos ofrecen nuestros “aliados”? Nada. Por eso Sánchez va a Pekín a pedir. Y China, sabia, escucha.

Pero hay una contradicción de fondo. El presidente del Reino de España habla de multipolaridad en China, pero en el mismo viaje defiende la postura europea sobre Ucrania. Es decir, apoya la guerra contra el principal aliado estratégico de la República Popular China: Rusia. China, con su sabiduría milenaria, habrá estudiado las encuestas electorales, habrá sopesado las palabras. Pero mientras tanto, sigue penetrando en paz, con nuevas inversiones y posiciones. La Ruta de la Seda es buena, y la penetración china en España es muy interesante. A diferencia de Alemania, que nos quiere convertidos en la taberna y la fonda de vacaciones de Europa, China nos trata como socios. Y eso, aunque no sea la voluntad explícita de Sánchez, nos demuestra que quienes afirmamos que el futuro no está en Europa sino en el sur global que China lidera, tenemos razón. Porque China, a diferencia de Alemania y Estados Unidos, no nos quiere restar soberanía ni nos impone nada.

Hemos tratado de dejar claro, espero que con la calma necesaria, que ser aliado incondicional de Estados Unidos y miembro de la Unión Europea no nos aporta nada. Al revés: nos empobrece, nos desindustrializa, nos somete a guerras ajenas. Por eso hay que implementar otra política. Hay que estudiar muy bien hacia dónde camina el mundo, porque el imperialismo, para sobrevivir, necesita la guerra. La guerra es su oxígeno, su negocio, su razón de ser. Y mientras nosotros celebramos cambios de cromos en Hungría, ellos preparan la siguiente escalada.

Así que, después de este recorrido pausado por la realidad, solo me queda una conclusión: hemos de organizarnos. No desde la rabia, que nubla, sino desde la claridad. Sabiendo que los acontecimientos internacionales nos afectan profundamente, pero también nos ayudan a clarificar la situación. Nos muestran quiénes son nuestros amigos —pocos, pero reales— y quiénes nuestros verdugos con rostro amable. Nos enseñan que la soberanía no es un lujo ni una extravagancia nacionalista, sino la única herramienta que tienen los pueblos para no ser devorados por las guerras y los mercados.

Por eso, desde Soberanía y Trabajo, seguiremos insistiendo: miremos hacia el sur global, hacia China, hacia los países que no nos imponen recetas ni bloqueos. Rompamos con ese Partido Único Europeo que se alegra de cualquier derrota de quien defienda los intereses de su pueblo. Y preparemos el terreno para una España que no sea víctima, sino protagonista de su propio destino. Porque si no lo hacemos nosotros, no vendrá nadie a hacerlo por nosotros. Ni desde Bruselas, ni desde Washington, ni desde los despachos del sionismo internacional. La responsabilidad es nuestra. Y la hora es ahora.

Carlos Martínez García

Politólogo y ex portuario. Miembro de la plataforma socialista pro PSF.

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