Mientras más se repleta al presidio político en Cuba más coincide con la publicación de la noticia seguida de un silencio universal. Esto lo advierte la magnífica y valerosa escritora Rogelia Castellón en su último artículo que acabamos de leer en el DIARIO LAS AMERICAS. En el expone cuán vergonzoso es ese silencio y cuánto afecta no sólo al respeto a la verdad, sino cuánto contribuye al crecimiento de la injusticia y el deshonor humano.
El mayor aliado que tienen los tiranos y los déspotas es el silencio. Con él cuentan para el disimulo de sus fechorías y el ocultamiento de sus peores crímenes. Ocurren y se habla un día. Pero nada más. ¿Para qué seguir hablando si van a seguir cometiéndolos a ciencia y paciencia de las autoridades? Y ahí está el error. Y lo que es peor: el estímulo para la continuidad.
Es preciso la denuncia reiterada. El grito que descubre el crimen. La consistencia en la demanda de las crueldades y los desafueros. La exposición de los desmanes de los forajidos que creen que gobernar es robar, oprimir e incluso matar.
Esto ha estado pasando ante la presencia de políticos temerosos y de políti-castros capaces de justificar los crímenes que el castrismo desató contra el pueblo de Cuba en nombre de una revolución que no fue otra cosa que un aluvión de infamias, atracos, violencia política, con montones de asesinatos para mostrar la fuerza de la “revolución”.
Se debió denunciar entonces repetidamente por gobiernos y partidos políticos que alardean de respetar las leyes y obligar su cumplimiento. Por hacerlo cayeron varios periódicos, entre ellos, Prensa Libre y el Diario de la Marina. Pero en definitiva grupos de los llamados patriotas y legalistas unieron la complicidad de su silencio mientras en Cuba corría la sangre y desaparecía la libertad.
Es hora, pues, de denunciar...
y seguir denunciando a los que han clavado a Cuba en una cruz. Basta de dulces llamamientos a la cordura. La justicia no se ruega, se impone. Y si eso atrae a la violencia, que la atraiga. Será una manera de limpiar la casa y poner en su lugar a los asesinos. Con más razón a los que se han hecho millonarios vendiendo con sangre la libertad de la patria.
Le ofrezco mi mano y mi respeto señora Castellón. O se tiene patria digna y libre o no se tiene.
Humberto Medrano