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Policía sin criterio puede ser mayor problema

Toque de queda en Panamá, San Miguelito y Colón

Toque de queda en Panamá, San Miguelito y Colón

martes 19 de febrero de 2008, 18:11h

Un cuarto de 30M2, donde viven la abuela, una madre soltera que es visitada por algún marido de turno, y tres hijos entre 15 y 3 años, no es un lugar donde estar después de las 9 de la noche. A diferencia de otras casas y barrios, donde los espacios domiciliares y públicos son proponentes, en los barrios marginales el toque de queda viene a sumarse como una cuenta más al rosario inagotable de problemas familiares y sociales. Solo un pequeño número de jóvenes delinquen, pero seguramente ellos no serán los que acabarán en los juzgados de menores, sino aquellos que corretean sanamente, tratando de sobrevivir al tormento cotidiano por haber nacido en la pobreza.  

Los delincuentes sabrán huir, cada vez que se acerque la policía. Los jóvenes incautos, que son quienes mueren impactados por una bala perdida, serán las víctimas del toque de queda, una medida que existe desde hace más de 50 años, y que se pone en práctica como una alharaca, cada vez que una asonada delictiva invade nuestras calles, o muere alguien importante.  

¿Qué policía está suficientemente educado, como para distinguir entre un maleante común y un joven que disfruta un poco de aire, antes de meterse en el infierno que es su pequeño cuarto compartido con más de 6 personas? Los policías también cargan su cruz, y muchas veces asir por la relinga a alguien es un desahogo inconfesable, que aumenta el desasosiego social en lugar de paliarlo.  

El toque de queda, como toda medida transitoria, no es una solución, aunque fuera aplicada con criterios sabios o salomónicos. Ya veremos, cuando más de una abuela pobre tenga que sacrificar el desayuno de una semana para rescatar de las manos de un Estado incapaz a un nieto, antes de que de verdad se convierta en un maleante o un vengador social por causa de una injusticia.  

Mientras, otros jóvenes con recámaras repletas de entretenimientos vagarán por las calles de sus barrios, en las discotecas, o hasta por los barrios pobres en busca de alguna evasión temporal, de algún incentivo a la vaciedad de sus cotidianidades.   

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