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Mayo de 2009: La luz al final del tunel

Mayo de 2009: La luz al final del tunel

jueves 28 de febrero de 2008, 16:11h
Actualizado: 29 de febrero de 2008, 22:27h

Desafortunadamente en política no aplica -o casi nunca ha aplicado- la sentencia de que “no se puede engañar a todo el mundo todas las veces” . Tal vez no se trate tanto de la habilidad de los políticos para mentir, como del tamaño de las esperanzas de los electores. Lo cierto es que en 2000 años que la democracia lleva intentando recuperar las bonanzas que tuvo en la cuna donde nació, Atenas, no ha podido consolidar el rol del elector haciéndolo protagonista, y dejándole al político los papeles secundarios... los roles de extras. La consecuencia es que cada lapso entre cuatrienios, quinquenios o sexenios, los electores vuelven a comprar las promesas de siempre: más seguridad, participación, precios de los artículos de primera necesidad, trabajo, salud y educación. Hay que admitir, a favor de la sociedad, que poco a poco un concepto empieza a tener eco en los electores: se empieza a hablar de equidad, para resumir en una sola palabra un discurso ya gastado. Tal vez los políticos conocen la frase de Goethe: “La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca se hubiesen dicho”.  

Panamá, “el centro del mundo y corazón del universo” de Simón Bolívar, se apresta a celebrar sus segundas elecciones generales del siglo XXI. Lo hace en medio de una de sus crestas de ola históricas: la ampliación del Canal. El significado de la frase bolivariana adquiere una certeza premonitoria, porque Panamá es fundamental para la cadena de suministro mundial, y prácticamente duplica su capacidad y calidad de servicio al comercio internacional. Pero además, sin la quinta frontera impuesta por la ocupación norteamericana durante casi todo el siglo XX, tiene la posibilidad de desarrollar un cluster sofisticado, que multiplique sus ingresos y permita, entonces sí, la equidad. Porque hay muchas cosas más valiosas que el dinero, pero... ¡cómo cuestan!  

En esta circunstancia el país celebrará elecciones en mayo de 2009. Se enfrentan los partidos más grandes, el PRD y el panameñista, este último con capacidad de producir una alianza entre él y los otros 5 más pequeños. Pero entre los 6 no superan el número de inscritos en el Partido Revolucionario Democrático: más de 500 mil. Y quizás, como un lastre político, el mayor impedimento para una alianza sea el ego de sus líderes. Tres panameñistas, bajo diferentes toldas de la misma lona, Vallarino, Varela y Ameglio, se disputan la nominación por este partido, que tiene la mitad de adherentes que tiene el PRD. Endara, que ya fue presidente y tiene raíces panameñistas, inscribió Vanguardia Moral de la Patria, pensando que puede encabezar una nómina opositora; pero eso mismo piensan los otros presidentes de partidos en oposición, y a diferencia del PRD, que ya está en las puertas de unas primarias, los otros no podrán hacerlo y se impondrá la fuerza del dinero. El que más tiene es Vallarino.  

Uno que repetirá intenciones es Ricardo Martinelli, con su partido Cambio Democrático; dueño de una cadena de supermercados, deberá explicar cómo es que dice estar en los zapatos del pueblo, y su cadena de expendio de víveres de la canasta básica no se diferencia de los otros especuladores, aplicando la misma norma de sobreprecios después que el producto sale de las manos del productor.  

En las filas del PRD se agitan el ex·presidente Ernesto Pérez Balladares y Juan Carlos Navarro, el actual alcalde de la ciudad de Panamá. Las posibilidades son del segundo, apoyado por el actual presidente Martín Torrijos. La novedad es que la vieja oligarquía vuelve a ocupar la palestra política, no importa si es por el partido de Omar Torrijos, el PRD, u otros con sus estelas de alcurnia.  

Y la otra novedad es que la sociedad civil tiene más voluntad: ha probado peso recientemente, al imponer la creación de un Plan de Desarrollo Nacional que rebase los quinquenios gubernamentales, convocando a los panameños sin distingos sociales. El líder más visible -que los aglutina en un movimiento que se denomina ASI- entre decenas de panameños que incluso pertenecen a diferentes partidos políticos, es Enrique de Obarrio, un descendiente de la oligarquía criolla panameña con sensibilidad de socialista.  

La luz al final del túnel está muy cerca para los panameños, y los políticos pueden ayudar a que se mantenga encendida y al alcance de la esperanza... o apagarla para siempre. Entre 2009, el año de las elecciones, y 2025, el país deberá ingresar alrededor de 30 mil millones de dólares. Suficiente, hasta para esas cosas que valen menos que el dinero, pero que el dinero ayuda a comprarlas. Si los políticos obedecen el clamor popular habrá país; sino, la desesperanza puede convertirnos en un elemento más del paisaje social de América Latina.

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