Aún no ha sido nombrado ZetaPé como presidente del Gobierno y la atención de los medios, ¡oh, ingratitud humana!, se ha volcado en la señora condesa de Murillo, la lideresa –de momento-- del Partido Popular de Madrid. Porque, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y aguirreados niños y niñas que me leéis, estamos ante un circo de tres pistas: el del PePé, donde no faltan desde los equilibristas (aquellos dirigentes que esperan a ver por dónde van los vientos para acudir urgentemente en ayuda del ganador), los payasos que reciben todas las bofetadas (pongamos que hablo de Ruiz Gallardón), la troupe de coros y danzas (la que encabeza Soraya Sáenz de Santamaría), el número de las fieras (pongamos que son Zaplana, Acebes y demás cesados por la renovación de Mariano) y hasta el director de pista, que no es otro que Rajoy.
El éxito de público y de la información está asegurado. Todos los medios, sin excepción, aunque cada uno a su aire, hablan del espectáculo que está ofreciendo el PePé de las Españas. Los focos iluminan, cual vedette del madrileño Teatro La Latina, a ella, a Esperanza Aguirre y Gil de Biedma. ¡Ha nacido una estrella! Ahora se trata de ver cuánto tarda en estrellarse, ¿verdad?
Claro que yo, pequeñines/as míos/as, aunque sólo sea por ser fiel al precepto de “noblesse oblige”, quiero salir en defensa de la lehendakarisa de la Comunidad de Madrid. No es justo que todos estén contra ella. Al fin y al cabo, a pesar de su paso por la política, estamos hablando de una dama. De una dama que tiene todo el derecho del mundo a postularse como presidenta del PePé. ¿No es su partido el colmo de la modernidad bien entendida y el paradigma del centro-derecha? ¿Acaso Esperanza no ha demostrado hasta la saciedad su condición de liberal? Comprobadlo en la red de hospitales de la CAM y en el juego que da ella a la empresa privada. Laissez faire, laissez passer… Dejad hacer, dejad pasar.Esta es la fórmula de oro, el abracadabra de la ideología liberal. Y a ella se ciñe nuestra lideresa favorita.
Mariano Rajoy es el pasado. Esperanza Aguirre es el futuro. Entre el uno y la otra hay sólo dos meses escasos de presente: el que media entre el día de hoy y el inicio, en Valencia, del congreso pepero. Cuando acabe, nada volverá a ser lo mismo. Lo que yo os diga. Hasta entonces, que continúe el espectáculo.
Porque, amadísimos/as de mi paterno corazón, de todo este lío pepero sólo hay una cosa cierta de toda certeza: Esperanza Aguirre no es Hillary Clinton. De la misma forma que Mariano Rajoy –por negro que esté con las maniobras de la aguerrida lideresa— tampoco es Barack Obama. Y ni falta que les hace serlo a los dos, añado yo con mi reconocida perspicacia. Rajoy quiere asegurarse todos los apoyos posibles. Y en este empeño lo tiene fácil, que para eso es quien sigue mandando (de verdad, pequeñines/as míos/as, que Mariano manda). Por su parte, Aguirre –a pesar de que está encantada de haberse conocido-- debe buscar compromisarios hasta debajo de las piedras… Y eso siempre es difícil.
Sic rebus stantibus, (que es como se dice en latín, nuestro puestas así las cosas), ¿qué dice José María Aznar a todo esto? Porque, de momento, no ha abierto la boca y eso que es presidente de honor del PePé.