Alguna vez García Márquez dijo sobre el diario habanero Granma, que en lugar de dar las noticias, parecía querer ocultarlas.
El presidente Correa, en una entrevista para un diario limeño, tuvo los más duros calificativos para los medios de comunicación de nuestro país y del resto de Latinoamérica, salvo excepciones, como se apresuró a acotar. En esa oportunidad precisó el tipo de medios al que aspira, lo que podría dar un indicio de por dónde se encaminará en Montecristi la redacción del articulado al respecto de la próxima Constitución.
El Presidente criticó a los medios por “tergiversar” la verdad, sacar las cosas de contexto y no hacer un periodismo “constructivo”. Recordó el reciente incidente que se produjo entre él y un inmigrante ecuatoriano en España.
Dijo haber perdido la paciencia con el joven durante un encuentro con decenas de sus compatriotas en Madrid, cuando le dijo: “Por idiotas como tú es que quedamos mal ante la comunidad internacional”.
Se ha pasado por alto, sin embargo, el comentario que a seguidas hizo el Presidente: “Si hubiera una prensa constructiva, no se sacarían esas cosas”. Es decir, que la “prensa constructiva” es aquella que pasa por alto u oculta los hechos. De manera que el paradigma correista consiste en una prensa dócil, que sólo dé a conocer aquello que sea conveniente para su régimen.
No es el destino de un grupo de empresas de comunicación lo que se decide en la Asamblea, sino el derecho inalienable de todos, independientemente de su credo u ideología, a que nadie desde el poder le “construya” informaciones a su conveniencia.
Y que nadie, esgrimiendo argumentos supuestamente altruistas pero engañosos en el fondo, nos oculte nada.