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Invertir o morir

Invertir o morir

martes 27 de mayo de 2008, 05:54h
Actualizado: 11 de agosto de 2008, 23:14h

Las empresas petroleras que todavía operan en Bolivia han recibido un ultimátum: o invierten o se atienen a lo que vendrá. ¿Qué es lo que vendrá?, nadie parece saberlo. “Eso lo escuchamos desde hace dos años y medio: traigan dinero o les irá peor. Al Gobierno le gustaría hacer muchas cosas, pero lo cierto es que no tiene con qué”, me dijo Andrés Stepkowski, consultor con más de 40 años de experiencia en la industria petrolera. “No tiene dinero en las cantidades requeridas por este sector”. Con microbolsillos, las amenazas suenan huecas.
El ultimátum se produce cuando el Gobierno y las empresas todavía negocian un ‘modus vivendi’. Algún acuerdo es posible, pues la industria petrolera no es de las que lanza fácilmente la toalla. Con eso Bolivia podría cubrir sus compromisos con limitada holgura en 2009 y tal vez 2010. Pero estoy seguro de que mientras el Gobierno no dibuje clara y creíblemente su mapa para las inversiones (“queremos socios, no patrones”, es insuficiente cuando sigue blandiendo la amenaza de estatizaciones), muy pocos tendrán sangre fría suficiente para traer dinero en la escala requerida por los compromisos de exportación. Petrobras, la empresa líder en virtud de la enorme demanda energética de su país (190 millones de habitantes), tiene comprometidos 750 millones de dólares este año, suficientes para mantener el flujo contratado de hasta 30 millones de metros cúbicos diarios. Pero ya lo dijo su presidente, Sergio Gabrielli, cuando Bolivia gestionaba que Brasil redujese su cuota legal para repasarla a Argentina: ni una molécula para Argentina del gas destinado a Brasil. Es decir, la frazada de gas boliviano es corta y algunos vecinos quedarán este invierno con los pies al descubierto.
La situación de Bolivia como área negada a las inversiones es dramática. Cuando las inversiones llueven sobre la región, necesita entre 3.000 y 5.000 millones de dólares sólo para cumplir con Argentina y Brasil el próximo bienio. La Cepal informa de que América Latina y el Caribe recibieron en 2007 un 46% más de lo recibido en 2006. En Bolivia, las inversiones extranjeras se encogieron un 41% en el mismo periodo.
Nuestra YPFB en su tercera encarnación reconoce que carece de recursos como los demandados por la industria. El número de pozos perforados en 2006 fue menos de un décimo del total de 1999 (seis contra 65). A este paso podemos encontrarnos pronto con una industria que vive de la mano a la boca.
El poco dinero (en la escala petrolera) que le ingresa es destinado a fines sociales y le queda casi nada para invertir y generar nuevos ingresos, confesó angustiado su presidente Santos Ramírez. Es como tener Carnaval hoy y hambre y tristeza mañana. Una historia que los bolivianos ya conocen. ¿Recuerdan la nacionalización de las minas? Mal ejecutada y sin inversiones, acabó cuando exportábamos masivamente más cascajo que estaño. ¿Y YPFB? Hubo plenitud y alegría en los años 70, y luego vino la resaca. Sin inversiones, la empresa languideció y estábamos al borde de importar petróleo cuando sólo una legislación generosa para los capitales extranjeros les ofreció el terreno para aterrizar de nuevo en Bolivia y adjudicarse el volumen gasífero mayor de América del Sur después del de Venezuela. Y luego… bueno; la historia ya la conocen.
Ahora se da una situación curiosa. Si YPFB no invierte, pronto estaremos ante un nuevo “la patria se nos muere”. Y si lo que queda de las empresas Transandina, Plus Petrol, British Gas, Chaco y Repsol tampoco invierten, serán estatizadas. Por tanto, tendríamos un YPFB más agigantado y atragantado, incapaz de digerir el plato que le darían. Es como un duelo en el que ambos desafiantes mueren. Sólo que uno de ellos tiene familia adinerada para lidiar con los deudos. El otro, no. Adivinen quién es.

* Periodista, ex director de AP en Venezuela y Brasil, http://
haroldolmos.wordpress.com

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