viernes 06 de junio de 2008, 17:35h
Actualizado: 20 de junio de 2008, 17:59h
En el marco de las "festividades" por el conflicto con el campo, el gobierno ha decidido instrumentar, desde el Banco Central, la "operación venganza". Es decir, inducir a la baja a la cotización del dólar, de manera de "castigar" a quienes compraron divisas, en las últimas semanas y, a su vez, desalentar a quienes podrían sumarse a la decisión de comprar dólares en el futuro.
Pero al igual que la mayoría de las "soluciones" de política económica del gobierno K., ésta se parece más a un problema, que a una solución.
La política de apreciación del tipo de cambio nominal ha sido un común denominador de los países de la región, como un mecanismo para combatir la inflación importada -en especial de commodities- y ajustar el valor de sus monedas al flujo positivo del comercio exterior y del ingreso de capitales. Fue así que, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, entre otros emergentes, decidieron permitir apreciar sus tipos de cambio nominales respecto del dólar, como respuesta a los mayores precios internacionales de sus exportaciones, sus consecuentes mejoras en el saldo del balance comercial, el flujo positivo de inversión extranjera directa y la debilidad del dólar en el mundo. En síntesis, la apreciación cambiaria en la región fue una respuesta directa al ingreso masivo de divisas derivado del extraordinario escenario internacional. De esta manera y complementado con una política fiscal, relativamente conservadora, los gobiernos mencionados, lograron una aceptable tasa de crecimiento económico, no la máxima posible, es cierto, en un contexto de tasas de inflación bajas, aún en el marco de cierta aceleración, derivada de la comentada inflación de alimentos. Permitiendo, además, que predominaran los precios internacionales, de manera de enviar las señales adecuadas de largo plazo para incrementar la producción de exportables. Aunque cada país enfrentó las consecuencias "sociales" de estos precios elevados de manera diferente. (Tema para futuro comentario).
Por el contrario, la política cambiaria argentina de los últimos años, consistió en ponerle un piso a la evolución del tipo de cambio, para evitar su apreciación nominal respecto del dólar, mientras se monitoreaba la evolución del tipo de cambio real multilateral que tomaba en cuenta, precisamente, la revaluación del resto de las monedas respecto del dólar, en especial en Real y el Euro. Obviamente, esta política cambiaria no ha sido neutral respecto de la "inflación importada" (la variación de los precios internacionales se "multiplica" por un tipo de cambio nominal más alto para pasar a pesos). Ni respecto a la expansión monetaria (cada dólar se compra emitiendo más pesos, respecto de los pesos que se hubieran emitido si la moneda local se hubiera revaluado); ni respecto de la política de deuda del Banco Central (hace falta colocar más deuda remunerada de la Autoridad Monetaria, para esterilizar parte de lo emitido para comprar dólares y sostener el precio). Ni, por supuesto, en los ingresos fiscales, vía recaudación de los impuestos a la exportación, también maximizados en pesos. En el caso argentino, entonces, la acumulación de reservas por parte del Banco Central se hizo dentro de un marco de sostenimiento del tipo de cambio nominal y de un intento de defender la competitividad cambiaria, gracias a la revaluación del resto de las monedas de los socios comerciales. Esta política cambiaria, de por sí, maximizó el crecimiento económico derivado de la política monetaria, aún a costa de una mayor tasa de inflación. (Además de lo mencionado respecto de los ingresos fiscales). Lamentablemente, dicha política se "complementó" con una fuerte expansión del gasto público (a tasas superiores al 40% interanual). Junto a una política "de ingresos" que convalidó aumentos salariales bien superiores al 20% anual durante el 2007 y lo que va del 2008. Este cocktail resultó explosivo en materia inflacionaria. La tasa de inflación "real" ronda el 25-30% anual, mientras que las expectativas de inflación son aún mayores.
En ese contexto, la reciente apreciación nominal comentada, lejos de formar parte de una política antiinflacionaria, lo único que logra, en la medida que el resto de las políticas mencionadas, la fiscal y la de ingresos, no se han modificado, es acelerar la caída del tipo de cambio real, respecto del dólar y, en todo caso, frenar la mejora del tipo de cambio real multilateral, dado que, paradójicamente, el dólar ha dejado de caer, en estas semanas, respecto del Euro y del Real. Si el sector productor de bienes transables ya empezaba a tener problemas de competitividad, por la falta de mayores inversiones, problemas en el suministro de energía, presión impositiva y costos laborales crecientes, ahora, esos problemas han empeorado.
Asimismo, si la caída del tipo de cambio real se acelera, mientras no se desarman las expectativas de alta inflación, lejos de alejarse la probabilidad de un ajuste cambiario en el futuro, dicha probabilidad, desde una óptica de expectativas, aumenta.
Dicho de otra manera. Si la gente compraba dólares por temor a una devaluación, alentada por el hecho de la "insostenibilidad" de un dólar fijo con una inflación del 30% anual, en un contexto internacional de freno a la caída del dólar. Esa insostenibilidad se agrava si ahora, no sólo el dólar no está fijo en términos nominales, sino que cae.
Si con el dólar a 3,20 ya había ciertas presiones para devaluar, dada la caída del tipo de cambio real en alta inflación. Con un dólar a 3 pesos, las presiones son mayores, no menores. De allí que, pese a esta apreciación de la moneda, se hace difícil bajar la tasa de interés en pesos, por la necesidad de compensar, justamente, las expectativas de devaluación futura, dada la tasa de inflación presente. En especial si, al contrario de lo que sucede en el resto de los países de la región, la apreciación nominal no se logra como consecuencia de una mayor oferta de divisas del sector privado, sino aumentando la oferta del Banco Central, con ventas de reservas, o introduciendo operaciones a término, o con "maniobras" de la Banca Pública.
A su vez, la apreciación cambiaria afecta los ingresos públicos derivados del comercio exterior (los impuestos se calculan sobre valores menores en pesos), introduciendo más ruido aún en las expectativas, dado que, muy marginalmente, hay que reconocerlo, se reduce la tasa de crecimiento de los ingresos públicos, respecto de la situación anterior.
Asimismo, como el principal "asustado" ha sido el pequeño ahorrista, con problemas de información y con la percepción de que, si el gobierno miente en los precios, "miente en todo", lo cierto es que lejos de castigar a los "grandes especuladores" se castiga a quienes intentan proteger sus ahorros de una eventual expropiación y que no especulan. De manera que no será fácil que "vuelvan" a los pesos, pese al castigo.
Más que una operación "venganza", lo que hoy se requiere es una operación "combate integral a la inflación".
Por ahora, y como la mayoría de las veces, la "solución K" es un problema más.