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OPINIÓN//Victor GIJÓN

El todo o nada del PP

miércoles 24 de enero de 2007, 19:08h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Bien por cálculo electoral (en base a las últimas encuestas) o por incapacidad para construir un nuevo discurso, el PP, tras unas pocas semanas de cumplimiento escrupuloso de la estricta dieta de críticas a Miguel Ángel Revilla impuesta por Mariano Rajoy en su última visita a Cantabria, ha vuelto a las andadas. 
La entrevista, el pasado jueves, de los presidentes de Cantabria y España, Revilla y José Luís Rodríguez Zapatero, sitúa de nuevo a los populares en la estrategia del todo o nada. Pero con un matiz importante: Plantear el objetivo de la mayoría absoluta, pero para poder lograr que el PRC se siente a hablar.

Ignacio Diego, aspirante a la presidencia de Cantabria, introduce una sustancial variación en el discurso del PP en su artículo dominical en El Diario Montañés. En una finta tan complicada como difícilmente creíble Diego intenta conjugar el discurso tremendista en el que se siente cómodo y seguro, después de cuatro años ensayándolo, con un mensaje de mano tendida de futuro al PRC. Una estrategia impuesta por el la dirección nacional del PP tras comprobar los efectos devastadores que la critica inmisericorde a Revilla y el PRC tendría sobre sus expectativas electorales en las generales de 2008.

Diego escribe: “El cambio político [en la Comunidad Autónoma] es necesario, más sólo será posible con una mayoría absoluta del Partido Popular, que haga que el regionalismo cántabro deje de ser rehén del PSOE, vuelva al camino del interés general de Cantabria y nos podamos sentar a hablar”. Un afirmación-invitación aún más significativa teniendo en cuenta que se incluye tras una catarata de descalificaciones y acusaciones al presidente Revilla por el contenido de su entrevista con Zapatero en La Moncloa.

Por primera vez en lo que va de legislatura aparece, en boca de un dirigente cualificado del PP, un argumento favorable al entendimiento y la negociación con los regionalistas. Hasta ahora cualquier iniciativa en ese sentido, por tímida y teórica que fuera, recibía desautorizaciones inmediatas y su proponente pasaba a formar parte del bando de los desafectos, cuando no de los débiles o traidores. No hace mucho meses unas declaraciones del diputado nacional por Madrid, el cántabro Jesús López-Médel, advirtiendo de una realidad electoral evidente: la imposibilidad del PP de lograr mayoría absoluta, lo que le conducía a interrogarse sobre qué objeto tenía vapulear constantemente al único socio posible (el PRC) si se pretendía volver al Gobierno, fue despachada sin contemplaciones.

Pero la realidad es tozuda. Que Diego pida mayoría absoluta para convencer al PRC de que “vuelva al camino del interés general de Cantabria”, como premisa para sentarse a hablar, no deja de ser un recurso dialéctico. Lo sustancial es que, después de cuatro años de identificar a Revilla con el Mal, en mayúsculas, ya no se descarta el diálogo con el regionalismo, aunque tabúes y desencuentros personales impidan poner negro sobre blanco el nombre del líder del PRC, sin cuyo concurso y aceptación es impensable cualquier proceso de negociación futura. Pero todo indica que en el PP se han terminado por convencer de que pierden menos votos dejando entrever que existe una posibilidad de volver al poder, aunque sea con los denostados regionalistas, que lanzando el mensaje a sus electores de que no importa seguir otro cuatro años en la oposición siempre que la ‘razón’ esté de su parte.

Y es con la excepción de los entregados, la estrategia del enfrentamiento, que provoca una pesada y visible soledad, aleja a los sectores de la derecha moderada. Por pragmatismo y por ideología. En el primer caso, porque un panorama en el que el ayuntamiento más grande gobernando por los populares sería Piélagos, es difícilmente asumible por los cientos de cargos públicos y personal de confianza a los que el PP ha dado ‘empleo durante el último cuarto de siglo. Y por ideología, ya que no hay tantas diferencias entre lo que defiende el PP y el PRC, tanto en políticas regionales como nacionales, como para mantener el actual nivel de confrontación.

Las políticas sociales del actual Gobierno regional, donde es más visible la carga ideológica, están en manos de la vicepresidencia del Gobierno, ostentada por la socialista Lola Gorostiaga, y por las consejerías que le correspondieron al PSOE en el pacto de Gobierno del verano de 2003. En materia de infraestructuras, el aunto del que más se ocupa Revilla, las diferencia entre izquierda y derecha suelen ser de prioridades, pero nunca de objetivos.

Es por esa coincidencia objetiva que lo que más indigna al PP es la desafección de Revilla y el PRC en algunas cuestiones de ámbito nacional como todo lo relacionado con la lucha contra ETA. Pero no es que Revilla haya cambiado de posición en este asunto, los que se han movido y mucho, colocándose en posiciones que ni siquiera la extrema derecha se había atrevido a expresar públicamente, es el PP. Por eso esta semana la critica del PP no se centrado en los aspectos concretos y tangibles de la negociación Revilla- Zapatero –financiación Campus Comillas, plazos de infraestructuras, depuradora de Vuelta Ostera, autovía del Agua…-- que los populares descalifican globalmente, sin matices, e incluso con evidentes mentiras. La escandalera popular ha tomado como referencia dos asuntos de política nacional: la filtración del lapsus de Zapatero en la Cumbre de Presidentes Autonómicos y las criticas a Rajoy por su posición política en la lucha antiterrorista.

Pero en ninguno de los dos caso hay más nueces que ruido. Al contrario. En el asunto del presidente de La Rioja, lo dicho por Revilla, contado eso sí con todo lujo de detalles y de tal forma que era inevitable que se convirtiera en noticia de primera en todos los medios de comunicación, era lo que ya se sabía. Entre otras razones porque la salida de Pedro Sanz, el lenguaraz y malhablado presidente riojano, de la cumbre autonómica fue para ofrecer una rueda de prensa para atacar a Zapatero. Revilla se cuidó muy mucho de señalar a Sanz como autor de la grabación en teléfono móvil. No obstante, la reacción de los cargos populares nacionales y regionales, así como de sus terminales mediáticas, apunta a que Sanz sí fue el autor de la felonía.

En cuanto a las criticas a la actitud de Rajoy en el debate del pasado lunes donde el presidente del Gobierno informó de la ruptura de la tregua por ETA, ya he escrito que me pareció que Revilla no estuvo acertado en el tono de sus declaraciones. Pero la critica del presidente cántabro tenía su base en un análisis de la realidad: la situación de crispación que determinadas declaraciones, sobre todo cuando se acusa al presidente legítimo de España de ser cómplice de los terroristas, provocan en la ciudadanía. Fue en ese marco cuado el presidente cántabro se preguntó donde esta el clima de guerra civil que Rajoy pinta con sus declaraciones. De ahí a sacar la conclusión de que Revilla ve a Rajoy, si ganará las elecciones, provocando una guerra civil, no sólo media un interpretación torticera de lo dicho, sino que se trata lisa y llanamente de una vileza.

Pero la política, la baja política, a veces se hace en la cloacas y a veces en lugares peores. Los que desde el PP cántaro venían aplicando mano dura a Revilla, que quedaron desautorizados por Rajoy hace dos semanas, creen que tenían razón. Y se lanzan de nuevo a la batalla, mientras el presidente nacional del PP recoge velas y calla. Los talibanes del PP cántabro han vuelto a imponer a Diego un discurso con ribetes de arenga cuartelaria. Los moderados a lo más que aspiran con la que está cayendo es a colar en artículos periodísticos algún mensaje de razonable futuro. Es lo que ha hecho el que le ha escrito a Diego el artículo del DM y quien lo ha supervisado.

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