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Minceur nature…

Minceur nature…

martes 24 de junio de 2008, 18:55h
Actualizado: 25 de junio de 2008, 18:12h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Hay que ser un depravado de tomo y lomo para querer celebrar hoy, festividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2008, cuando los escandinavos andan con lo de la Noche de Walpurgis y los gallegos se ponen tibios a sardinas asadas, algo así como el Día del Orgullo Pedófilo. Y, encima, sin que haya un resquicio legal para empapelarlos.
Os lo confieso, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y antipederastados niños y niñas que me leéis, que estoy indignado.

 Justamente indignado, añado. Y lo digo no ya desde mi magisterio de vida y costumbres y mi habitual sentido lúdico de la vida, sino desde mi condición de hombre que, por las mañanas, se viste por los pies. En este rechazo a la pederastia y la paidofilia (aberraciones concomitantes ambas) estamos de acuerdo todos, incluso los que, habitualmente, no somos políticamente correctos (ni repajolera falta que nos hace, aclaro) y, desde nuestra altura social, fustigamos el beaterío tanto laicista como religioso. ¡¡¡A la infancia, ni tocarla, coño!!! (me ha salido una expresión de cuando serví a la Patria como alférez de Ingenieros de las Milicias Universitarias).
Ciertamente siempre salen psiquiatras y psicólogos sociales que hablan de las tendencias innatas en muchos individuos/as a tener una fijación libidinosa con los más pequeños. Estos especialistas son los que, supuestamente, han leído a Siegmund Freud y no han entendido nada.  Hay un par de psiquiatras forenses, en España, que bucean en la infancia del pederasta/paidófilo para intentar encontrar –generalmente por los abusos sufridos en su entorno familiar y/o escolar—las circunstancias eximentes. ¡¡¡Tócate los cordones, Mardones!!!

Pero, pequeñines/as míos/as, incluso frente a un grave problema real interclasista y transversal, hay que tener una visión amplia, creativa y optimista. Por ejemplo, si en los sex shops se venden muñecas/os grandeur nature (acordaos todos/as de la maravillosa película del maestro Luis Buñuel), digo yo que se podrían vender, como mal menor, muñecos/as minceur nature (o sea, más pequeños/as) dotados de genitalidad electromecánica (dientes tipo piraña amazónica, para ser exactos) destinados a aplacar las líbidos pedofílicas. Ya sé que se lee y suena fatal, pero mantendría a salvo a los niños y a las niñas de carne y hueso. Esto de momento, porque siempre habría la oportunidad de que muchos bienpensantes se pudieran –o pudiesen, seamos generosos con las formas verbales—constituir en asociación, fundación u organización en Defensa de los Muñecos Maltratados. Si, con menos motivos, existe en todo el mundo el Frente para la Liberación de los Enanitos de Jardín, imaginaos lo que pueden ser los defensores de los muñecos Vejados Sexualmente.
Durante siglos, en el agro español, según me explicaba Gumersindo, el mayoral de una de las fincas extremeñas de la familia, generaciones y más generaciones de campesinos (varones, que las féminas agrarias solían recurrir al remedio hortofrutícola) solían mitigar sus lúbricos ardores –producto del exceso hormonal propio de la raza) recurriendo al ganado ovino y/o caprino. Era una práctica privada, en mitad de los páramos, que raramente encontraba difusión en los medios de comunicación. Y, encima, no creaba ningún tipo de trauma psíquico, dado que, en aquellas épocas, infelizmente extinguidas, nadie conocía el diván del psiquiatra, pero sí el confesionario del Santo Tribunal de la Penitencia. Los párrocos rurales, comprensivos ellos, despachaban al pecador con diez padrenuestros y diez avemarías y hasta el próximo calentón en mitad del rebaño…

Pero, amadísimos/as de mi paterno corazón, los campos españoles se despoblaron, la motorización llegó al medio rural, los campesinos, aún residiendo en pueblos y aldeas se nos ha vuelto urbanitas. Y, encima, han  surgido a porrillo asociaciones en defensa de los Derechos de los Animales. Como resultado, la vía pecuaria es un ilícito penal. Hasta el punto –y a la celebración hodierna del Día de Orgullo Pedófilo disfrazado de Jornada Internacional de Amor a la Infancia es una prueba de ello— que, en muchos países de nuestro entorno --es un dato que me ha facilitado el malvadísimo del Vilariño--, pongamos que Holanda o Alemania, montar una asociación para el Fomento del Mantenimiento de Coyunda Carnal con el Ganado es un delito, pero no así el de hacer, meliflua y babosamente, ostentación propagandística de un depravado amor por los/as niños/as. Frente a unos depravados, las ovejas están más protegidas.
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