Colombia: El fin de una era
jueves 03 de julio de 2008, 18:55h
Actualizado: 08 de agosto de 2008, 22:50h
Si sumamos la muerte de Tirofijo -el líder de la guerrilla colombiana- y la de su lugarteniente a la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados por la banda de las denominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), quiere decir que estamos al final del camino.
El movimiento guerrillero que nació hace más 40 años y fue protagonista de la política colombiana desde los tiempos de la guerra fría hasta la actual hegemonía del gigante del norte, vive una profunda crisis que lo lleva al precipicio.
Las Farc nacieron como un movimiento inspirado en el marxismo que buscaba la “liberación” de Colombia (en la actualidad 42 millones de habitantes) por la fuerza de las armas, con el apoyo popular. No hubo liberación ni apoyo del pueblo, porque la guerrilla fue evolucionando en sentido contrario a la historia. Ha acabado aliada con el narcotráfico y se hizo cómplice de los traficantes de armas. El secuestro se transformó en su arma más poderosa en la lucha contra el sistema, lo que sumado a las acciones terroristas que terminaron con la vida muchos inocentes, dio un cuadro patético.
Se formaron grupos paramilitares de derecha que asesinaron a dirigentes de izquierda que operaban en la legalidad, le facilitaron al Presidente Uribe una alianza con los estadounidenses, que prácticamente se instalaron en territorio colombiano y "consiguieron" que más del 70% de la población apoyara al gobernante de derecha.
El rescate de Ingrid Betancourt, por el ejército colombiano, se produce en medio de la algarabía de los ciudadanos de ese país, el beneplácito de la opinión pública mundial y la consiguiente condena a la guerrilla, que hace rato perdió la brújula. Están derrotados militar y políticamente. No tienen razón de ser. Y con secuestros para torturar, para matar y para chantajear han marcado su fin. Lo que nació como un movimiento guerrillero termina como un grupo terrorista.
Los chilenos sabemos lo que significa el secuestro de personas inocentes, por eso entendemos el jolgorio de la liberación y el rescate.
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Sergio Campos
Periodista y profesor universitario