La manera con que el presidente Correa y sus allegados están manejando su campaña a favor del Sí, para la próxima consulta popular, es una clara muestra de menosprecio hacia la dignidad y la capacidad de razonar de los ecuatorianos.
Es que los cabecillas del régimen, en su afán de asegurar la aprobación del mamotreto que a saltos y brincos se está redactando en Montecristi, han centrado su campaña en dos estrategias infames: la incorporación de adeptos a través de prebendas ineficientes y dispendiosas y la vinculación del No con personajes de muy ingrata recordación para la ciudadanía.
La primera estrategia es sencilla: aprovechando la actual abundancia de recursos públicos (que no es mérito del gobierno, de hecho, los recursos serían incluso mayores si tuviéramos una administración eficiente) y no contentos con la avalancha de propaganda oficialista a la que nos someten a diario, el presidente y los suyos han inventado una serie de subsidios y supuestos programas de ayuda, a cambio de los cuales solicitan apoyo para ese dudoso proyecto que, luego de un año y medio, sigue sin dar resultados.
No les importa derrochar los fondos del Estado en dádivas insostenibles en el tiempo, ni se preocupan por la llegada de épocas menos favorables. Lo único importante parece ser ganar el referéndum.
La segunda estrategia consiste en asociar la eventual victoria del No con el retorno de lo más nefasto de la vapuleada “partidocracia”. Es decir, el presidente nos quiere convencer de que si votamos en contra de su arcaica Constitución, estaríamos apoyando a lo peor de nuestro pasado político reciente.
Al parecer, el presidente Correa no nos cree capaces de hacer nuestro propio análisis sobre lo elaborado por la Asamblea, de reconocer los muchos desatinos y atropellos que ha cometido en los meses que lleva instalada.
Pero lo cierto es que los ecuatorianos ya no estamos para sobornos ni para creer en cucos. Al contrario, tenemos la capacidad de evaluar el proyecto oficialista en la Asamblea (sin importar lo que personajes del calibre de Lucio Gutiérrez puedan opinar al respecto) y sabemos que el país que queremos no es el que nos brinda limosnas, sino oportunidades.
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