La unidad no luce tan distante de nuestra realidad política como algunos presagiaban. La vemos allí, a la vuelta de la esquina. Sólo falta dar algunos ajustes para satisfacer la aspiración colectiva de un pueblo, que anhela vernos trabajar unidos por la defensa de objetivos superiores.
Ese pueblo merece esa ofrenda de nuestra parte, porque ese pueblo ha sido abnegado y consecuente cada vez que lo convocamos a prestigiar con su gallardía y su coraje, cuanta marcha o protesta nosotros convoquemos como dirigentes políticos o civiles de nuestra sociedad democrática.
Hay que devolverle a esa ciudadanía los honores que no nos ha regateado en ninguna circunstancia. El próximo 23 de noviembre tenemos una extraordinaria oportunidad de poner al servicio del país todo lo que hemos aprendido en este tránsito. Aprender de los errores cometidos, porque es hora de hacer un inventario de todo cuanto se hizo mal o se dejó de hacer bien o mejor.
De la falta de estrategia, de la necesidad de sustituir la ansiedad por la serenidad. De entender que no se puede conducir un movimiento de acuerdo a los impulsos de cualquier mortal. Que la improvisación es mala consejera cuando nos dejamos llevar por arrebatos o por motivaciones relacionadas con los rencores. La unidad es vital para poder ganar el próximo 23.
Y no se trata de ganar, simplemente, gobernaciones y alcaldías. Está implícita en esta contienda electoral, la suerte de la democracia y en ella los valores de la libertad y de la justicia. Ya debemos estar claros en que este régimen se empeñará en replantear el adefesio de la reforma constitucional que ya fue rechazado por el pueblo el pasado 2 de diciembre de 2007.
Están pensando en la reelección indefinida de su jefe, eso es lo que verdaderamente los mueve a insistir en esa peregrina tesis. No les importa la descentralización, ni la modernización de los poderes públicos, mucho menos aumentar su grado de autonomía; lo que los mortifica es saber que ya Chávez tiene fecha de vencimiento.
Por eso “botarán la casa por la ventana” en estos nuevos comicios, con tal de imponer su voluntad en la mayoría de los estados y municipios. Podemos evitarlo, si nos unimos definitivamente en todo el país. Ese es el mosaico que la gente espera que terminemos de pintar, con los colores de la verdadera unidad de propósitos, tal como la denominó nuestro querido e inolvidable Italo Luongo.
Antonio Ledezma
Abogado y político venezolano
antolede@gmail.com