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La crisis de la empresa se agravará tras el accidente

La tragedia de Barajas llega en un momento crítico para Spanair

La tragedia de Barajas llega en un momento crítico para Spanair

jueves 21 de agosto de 2008, 09:42h
Actualizado: 21 de agosto de 2008, 19:32h
“No es momento de hablar de la situación que atraviesa la Compañía. Ahora todos nuestros esfuerzos se centran en el accidente”. Así de rotundo se expresa un  portavoz de Spanair cuando se le pregunta sobre las consecuencias que tendrá la tragedia del vuelo JK 5022 para la imagen de la empresa, sumida en una profunda crisis que le ha llevado a un ERE para más de 1.100 empleados.
Horas después de  que ocurriese la tragedia, los medios de comunicación airearon un comunicado que, hasta ese momento, había pasado prácticamente inadvertido. El Sindicato de Pilotos, SEPLA, amenazaba con una huelga si “la empresa toma decisiones unilaterales sobre el Expediente de Regulación de Empleo”. Todo dentro de los cánones establecidos si no hubiese sido porque, en la nota hecha pública, se denuncia el caos organizativo que vive la empresa sin que “se garantice el futuro de la aerolínea. Los problemas endémicos de dimensionamiento de la plantilla están provocando continuas presiones y amenazas por parte de la Dirección para que los tripulantes y el personal de mantenimiento transgredan las normas, incluyendo vulneración de límites de actividad, violación del régimen de días libres y vacaciones, de los convenios colectivos y de la legislación vigente”.

   Este comunicado está siendo analizado con lupa. ¿A que se refieren los pilotos cuando hablan de “transgresiones de las normas.”?. Nadie quiere hablar, con los muertos todavía sin enterrar, de responsabilidades, pero Spanair está, en estos momentos, bajo sospecha. Las cajas negras de la aeronave siniestrada determinarán las causas de la tragedia, pero, en cualquier caso, las circunstancias que rodean a Spanair la ponen en el punto de mira de las sospechas.



   Y es que Spanair vive el momento más difícil de su historia. Tras un intento de venta fallido, la empresa matriz, la escandinava SAS anunció, este mes de julio, un expediente de regulación de empleo que afecta a más de la cuarta parte de los 4.000 empleados en plantilla, el cierre de cinco de las siete bases con que opera en España, entre ellas la central de Palma de Mallorca, y  la retirada de un tercio de la flota antes de noviembre. Precisamente, el avión siniestrado, un MD-82, estaba en la lista de espera para el desguace. El aparato contaba con 15 años de antigüedad, había sido adquirido a Korean Air en 1999 y había pasado su revisión anual el 24 de enero”. “Este recorte es inevitable debido al coste de mantenimiento que suponen dichos aviones”, dice un portavoz que justifica, de esta manera, el desesperado intento por parte de los gestores de Spanair, de recortar gastos. En efecto: este tipo de aparatos son menos eficientes y tienen un mayor gasto de combustible, según señalan en ASETMA, el sindicato de técnicos de mantenimiento.

   Y luego está el factor humano. “La gente no tiene el cuerpo para actuar con todos los sentidos cuando sobre ellos pesa una amenaza de despido, o un Expediente de Regulación de Empleo”. Quien así habla, un responsable del  sector aéreo de UGT que quiere permanecer en el anonimato, refleja, a las claras, la situación que viven los trabajadores de Spanair. Si ya de por sí el trabajo de operaciones de una línea aérea requiere una minuciosa concentración en este caso la situación laboral se complica debido a las presiones que sufren los empleados.

   En cualquier caso, los responsables de la compañía desmienten que el factor humano o los recortes de gastos tengan  que ver con el siniestro. Al mismo tiempo, reconocen que las circunstancias que rodean a la tragedia les pasarán factura a medio plazo. La imagen está por los suelos y apenas queda dinero en caja. El accidente llega en el peor momento para Spanair.

   
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