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Bolivia, bajo la sombra de Washington

Bolivia, bajo la sombra de Washington

jueves 18 de septiembre de 2008, 09:28h
Actualizado: 13 de noviembre de 2008, 19:53h
En sus "Memorias", publicadas en 1979, el ex Secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, reveló que al enterarse que los chilenos habían elegido presidente a Salvador Allende, Richard Nixon se indignó, se descontroló, y en la tarde del 15 de septiembre de 1970 lo convocó a su despacho, el famoso .

La economía de Chile “debía ser exprimida hasta que gritase”, exclamó Nixon, según reveló Kissinger. Eran los años de la Guerra Fría, cuando Washington (igual que ahora) se sentía propietario de su ‘patio trasero’. Muchos no creían que la Central de Inteligencia Americana (CIA) era capaz de digitar una operación sediciosa contra la Unidad Popular y tratar de derribar del poder a Salvador Allende, fuera como fuera. Pero el propio Henry Kissinger, testigo privilegiado y protagonista de la ofensiva estadounidense contra el gobierno chileno, vino a confirmar los peores vaticinios.

Han pasado los años y el mundo ha cambiado. Pero no tanto. El gobierno de Estados Unidos mantiene sus métodos y casi cuarenta años después, Evo Morales se ve enfrentado a un plan tan agresivo y tan falto de ética como el que derribó a Salvador Allende en 1973. Aunque como el panorama mundial ya no es el mismo, Morales obtuvo el respaldo de casi la totalidad de los gobiernos de América el Sur. Esto es lo que se ha expresado en la cumbre de urgencia convocada en Santiago por la presidenta Bachelet, en la cual se ha discutido con pasión la forma –y no la esencia- de expresar la solidaridad de los gobiernos del área con el presidente boliviano.

El portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, reaccionó el viernes pasado con indignación a la expulsión de los embajadores estadounidenses de Bolivia y de Venezuela, y afirmó que ello mostraba “la debilidad y la desesperación de esos líderes (Evo Morales y Hugo Chávez) que enfrentan graves desafíos internos y la incapacidad de comunicarse internacionalmente con efectividad para lograr apoyo internacional”.

Sorprende tal reacción, tan opinante e intervencionista. Tras leerla, ¿alguien puede creer que efectivamente dichos diplomáticos no estaban involucrados en ninguna operación contra esos gobiernos y que son falsas las acusaciones formuladas por los presidentes de Bolivia y de Venezuela contra tales embajadores?

“La única conspiración importante en la región es el compromiso común entre los países democráticos de fomentar la oportunidad para sus ciudadanos. El único derrocamiento que buscamos es el de la pobreza”, agregó el portavoz del Departamento de Estado. Más claro, echarle agua.

Estados Unidos no puede negar el interés desmesurado que tiene y ha tenido desde hace muchos años por controlar el proceso político –cualquiera que éste sea- de Bolivia y de Venezuela. No hay que olvidar que la embajada de Estados Unidos en La Paz es la más amplia, la que tiene mayor número de funcionarios de toda la región. Y eso no es un descuido o un afán de los norteamericanos por dilapidar sus recursos. Es que Bolivia, país situado en el corazón de América del Sur, posee gigantescas reservas de petróleo –la mayor riqueza en estos tiempos de crisis energética- además de otras claves que lo hacen muy apetecible.

Desde Bolivia, han creído muchos estrategas a lo largo de la historia –entre ellos hasta el mismísimo Ernesto Ché Guevara- sería posible controlar el desarrollo socio político de toda la región. Es como esas familias que sienten el dinero y la riqueza como una auténtica maldición. La maldición del pueblo boliviano se ha manifestado a lo largo de toda su historia bajo las toneladas de la plata de Potosí, del estaño, del narcotráfico, y ahora del gas y el petróleo. A todo ello hay que agregar su ubicación geográfica.

Por eso aparece ridícula la réplica del vocero del Departamento de Estado, que desmiente cualquier culpa de la diplomacia de su país en la desestabilización política del país hermano, pero se da tiempo para señalar que el actual líder de La Paz –igual que el de Caracas- es débil y está desesperado.

La “debilidad” de Evo Morales es haber obtenido un 66 por ciento de apoyo en el referendo realizado recientemente bajo la atenta mirada de observadores internacionales. Y ahora, el respaldo categórico y decidido de las naciones de América del Sur. Esto es algo que no tienen los opositores a su régimen. Y tampoco tiene nada semejante el actual gobernante de Estados Unidos, que en las postrimerías de su periodo está aislado de la comunidad internacional y repudiado por la gran mayoría de los habitantes del planeta, incluso por quienes interesadamente se dicen sus amigos.

Es lamentable, por último, que en este concierto de voces se escuche muy fuerte el silencio de la Unión Europea.

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Leonardo Cáceres C.
Periodista - Chile
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