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Crítica de 'The Florida Project': las afueras del sueño americano

Viernes 09 de febrero de 2018
Con 'The Florida Project' Sean Baker ha entregado una de las mejores películas de lo que llevamos de año, es puro cine indie en el que echa una mirada a los lugares que quedan fuera de foco cuando se habla del sueño americano, guetos de los que casi nunca se habla y de los que, lo que es todavía peor, es muy difícil salir. Para ello ha encontrado la localización ideal en las afueras de uno de los mayores símbolos de ese sueño, Disneylandia.

Por Sergio Ariza Lázaro:

La película se centra en varios de los moteles que se sitúan en los alrededores en Orlando del lugar de ensueño del Imperio Disney. Creados en un principio para turistas que no pudieran permitirse alojar en la propia Disneylandia, quedaron reducidos a lugares donde la población local que no tiene techo propio malvive como puede. Son lugares en los que las drogas y la prostitución están a la orden del día, en los que llegar a fin de mes es una lucha titánica que puede dar con tus huesos, y los de tu familia, en la calle. Con estos mimbres se podría pensar que Baker ha entregado una película sombría y oscura pero esto está totalmente alejado de la realidad.

Dando el protagonismo y poniendo el punto de vista en una niña de seis años con una problemática madre, 'The Florida Project' es luminosa y conmovedora. Es una mirada a una infancia problemática pero no por ello horrible. Su mirada a la América más olvidada y pobre es muy interesante, olvidándose del tono moralizante y de la lágrima fácil. El director y guionista podría haber cargado las tintas con semejante historia pero no lo hace, lo cual se agradece mucho.

Lo mejor de la película está en ese tono que consigue Baker, libre de moralina, Su autor no oculta su simpatía por sus protagonistas femeninas (el motel está lleno de familias con el padre ausente), a las que mira con el cariño que lo hace el personaje de Willem Dafoe (algo así como el padre adoptivo de todos), pero tampoco puede hacer más que eso, sabiendo, a su pesar, que ese ambiente no es el más indicado para crecer y criarse. El problema está en una sociedad que mira hacia otro lado y solo se preocupa cuando ya no se puede solucionar nada. Es una película triste y, a la vez, totalmente, alegre, el director y guionista nunca fuerza la máquina, ni siquiera en el bonito final. Es, en definitiva, un trozo de vida iluminado por el trabajo de todos sus actores, en especial, la increíble niña Brooklyn Prince.

Los Oscar la han olvidado de mala manera, con una única nominación para el increíble trabajo de Dafoe, y no cuesta entender ver el porqué. Es difícil ver esta película y volver a ver una foto de Disneylandia sin pensar en lo que está pasando en los márgenes, en las partes que no vemos. Baker pone sobre la mesa muchos asuntos a través de una película hecha de pequeños fragmentos que parecen inconexos pero que no lo son, de pequeños trazos llenos de vida en los que se hace muchas preguntas sobre la responsabilidad personal y colectiva sobre las personas en las que la sociedad prefiere no pensar, los olvidados, como los llamaba Luis Buñuel.

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