¿Sálvese quien pueda?
martes 07 de octubre de 2008, 14:00h
Ayer, en el parqué en caída libre de la Bolsa madrileña, circulaba profusamente la broma de que era inevitable una vez que se sabía que los grandes banqueros se reunían con Rodríguez Zapatero. Y es que la condición de gafe económico de nuestro presidente está generalmente asumida. No se puede tener suerte en todo y a quien tiene tanta y tan sorprendente en el superficial y frívolo mundo de la política le sucede lo contrario en economía, que allí donde pone la mano no vuelve a crecer la hierba. Bromas al margen, la Bolsa estaba en caída libre, pero algo menos que las restantes europeas, todo hay que decirlo.
La crisis económica es local, pero también europea y norteamericana y asiática, esto es, global, y cada día que pasa son menores las esperanzas de que el insólito y pre-electoral “plan Paulson” vaya a servir para algo distinto de enredar y confundir. La confusión se produce ex ante de las decisiones a tomar. Entiende Bush, muy en su línea, que hay que salvar a los que, por echar imprudente exceso de imaginación a su insaciable, aunque legítimo, afán de lucro, crearon las basuras financieras de las que vienen estos lodos, eso que ahora se denomina con el bonito nombre de “activos tóxicos”, porque el marketing no descansa. Le siguen, con admirable entusiasmo, varios gobiernos europeos, y claro, a los mercados europeos les sucede lo mismo que a Wall Street, esto es, se hunden.
El inquieto Sarkozy toma la iniciativa y reúne a eso que en París han llamado “los presidentes de las grandes naciones europeas” y que en La Moncloa han maquillado –excusatio non pedita, para tapar la llamativa ausencia de España– como “una reunión de los miembros europeos del G-8”, lo que es verdad, pero verdad que al mismo tiempo subraya que aquello tan vistoso de que ya hemos pasado a Italia y pisamos los talones a Francia no era sino otro audaz escarceo verbal del audaz marketing de nuestro presidente.
Por su parte, la canciller democristiana alemana, Angela Merkel, toda una conservadora, decide saltarse el guión y presenta su alternativa, que consiste en salvar a los inocentes ahorradores que entregaron sus dineros a los voraces diseñadores de activos tóxicos, e investigar y perseguir a los que se les fue la mano en las basuras y los derivados, aunque es dudoso que pueda llevar a cabo sus encomiables propósitos, por lo menos en lo segundo. ¿Puede salvar a los ahorradores sin salvar al mismo tiempo a los que han fabricado basura con sus ahorros? Teóricamente, puede, pero hay realidades que no están en los libros ni en los sumarios judiciales.
En España, lo de los 20.000 euros garantizados empieza a producir originales fenómenos de trasvase. Estos días hay buen número de cuentacorrentistas que fraccionan sus depósitos en paquetes de 20.000 y hacen para ello una auténtica procesión, no se sabe si vía crucis, por las sucursales de las entidades bancarias. Otras personas –y conozco bastantes casos– han optado por cambiar el hasta ahora confortable abrigo de las cajas de seguridad en las entidades financieras por el de las cajas fuertes en las propias casas. Esto aún no es pánico, sino prudencia, pero es inevitable preguntarse por el curso de las próximas semanas y meses. Y desde luego, hasta los más legos en cuestiones financieras se han puesto a dar vueltas y consultar a los amigos sobre sus depósitos, fondos, etcétera.
¿Y que hace, mientras tanto, en medio de este tremendo sálvese quien pueda mundial, nuestro presidente? Pues Rodríguez Zapatero se aplica a lo suyo con admirable tenacidad: sonríe, elude, evade y se reúne, esencialmente consigo mismo y además, para la galería, con estos o aquellos convidados de piedra. ¿Servirá para algo el encuentro con el líder de la oposición? Debiera servir, pero es evidente que dos no se entienden si uno no quiere. Cierto que Mariano Rajoy tiene probablemente ánimo de entenderse, pero ¿tiene Rodríguez Zapatero el propósito sincero de ir un punto más allá de hacerse la foto para que su marketing proclame que por él no queda?
Llegados a este punto, conviene decir que las cosas no han llegado, ni mucho menos, al momento de gritar “¡Sálvese quien pueda!”. La crisis económica y financiera global es tremenda, cierto. En España está agravada por las alegrías y excesos de los últimos años, también es cierto. Pero hay recursos, mecanismos, resortes disponibles, y acabará por reconducirse. Nada sería peor que el pánico. Precisamente por eso, para evitar el pánico, no estaría de más que, en el caso español, se viese al Gobierno haciendo algo distinto de hablar para la galería. Seguro que encontraría respuesta, diálogo y colaboración en los demás partidos políticos y en las fuerzas económicas y sociales. Hay vida, claro que hay vida, fuera del estólido reducto de La Moncloa.