Y es que ella se pelea por doquier allá dónde vaya. Iglesias es como Belén Esteban pero hablando de política. No dice “metiendes?” pero poco le falta. Su táctica es siempre la misma: no dejar hablar, marearle la perdiz al enemigo y cuando éste se va a defender, ella no deja escuchar nada y consigue su objetivo: que el contrario pierda el hilo de lo que está diciendo. Televisivamente hablando su técnica es perfecta porque sube la audiencia (es como los pucheros de la Esteban). Si esta mujer de ideas radicales es atacada en lo personal entonces se revuelve como gato panza arriba y si ve que ni con esas logra su objetivo, hace lo de siempre: sentirse ofendida. Ella se sabe en un puesto superior a la media (ella sabrá por qué) y cuando no consigue su objetivo, es decir, no dejar a nadie hablar, se mosquea de tal manera que parece una mujer ultrajada en su honor. Lo hace siempre que acude a tertulias y son muchas. Empieza suave, poco a poco se va calentando y cual María Patiño contra cualquier personaje de tercera, en lugar de hinchársele la vena del cuello, se le hincha el cuello entero, lo que resulta de lo más gracioso.
María Antonia Iglesias no contempla las ideas contrarias a las suyas porque vive con un absurdo resentimiento contar un pasado franquista que debería estar más que olvidado. En cuanto a Enric Sopena, su compañero de ideas en el plató de la cadena de Fuencarral, tres cuartos de los mismo aunque sus enfados no resultan tan graciosos ni tan pintorescos. Digamos que se contiene más. Y es una lástima porque sería mucho más divertido si diera más gritos. Ya cuando es genial es cuando al dúo se une Pilar Rahola que, teniendo muchas veces sentido común, lo pierde cuando empieza a gritar.
Conozco a María Antonia desde hace años, la he visto en comidas en encuentros con políticos y siempre actúa como los zorros: sigilosamente escucha para luego soltar la zarpa, hincar el diente y no soltar a su presa hasta aniquilarla. Ella es así. Lo que no entiendo es a la gente que sabiendo como es, se sienta a discutir con ella y luego protesta. No hay forma de dialogar con ella. No sabe. No tiene ni la más remota idea de escuchar al contrario. Por eso la llaman de los platós, porque no deja hablar, crea polémica, calienta al personal y las cadenas se forran con los sms de los telespectadores llamándola de todo. Televisión en estado puro: puro espectáculo
Isabel Durán no debería haberse levantado del plató, debería tomar nota de Miguel Ángel Rodríguez que se pasa todo por el arco del triunfo y se toma a gracia todo lo que le dicen, insultos incluidos, especialmente si vienen de María Antonia Iglesias.
Tanta historia criticando la telebasura a María Patiño a los programas del corazón y después resulta que los que a sí mismos se denominan periodistas serios porque tratan “temas serios” van y montan el espectáculo todavía mejor que los rosas. Viendo la salida del plató de Isabel Durán me ha recordado a los antiguos enfados de Antonio David y viendo la maldad de María Antonia no he podido dejar de compararla con los enfados tan increíbles que se pilla la Patiño. ¿Será cosa de la tele?