Los presuntos autores materiales de los atentados del 11-M Jamal Zougam y Basel Ghalyoun han negado su participación en los hechos durante la tercera sesión del juicio que se celebra en el pabellón de la Audiencia Nacional en la Casa de Campo, en Madrid. La Fiscalía solicita para ambos un total de 38.654 años de prisión.
Jamal Zougam condenó los atentados y aseguró que considera que se encuentra sentado en el banquillo como "venganza" ante su negativa a colaborar con los servicios secretos como confidente.
Zougam inició su declaración poco después de las 10 de la mañana y eligió no contestar a las preguntas que le realizaron las acusaciones particulares que no pudieron cumplimentar este trámite en la sesión del pasado viernes, aunque sí lo hizo a preguntas de su abogado, José Luis Abascal. Explicó que vive en España desde 1989 y que considera que este es como su propio país.
"Aquí vivo, trabajo y como, no puedo considerar un país donde vivo como un país para practicar la yihad", indicó Zougam, quien condenó "rotundamente" lo ocurrido en los trenes. Zougam agregó que no está de acuerdo "con este ni con ninguno que acabe con la vida de gente inocente por motivos religiosos o políticos".
Durante el interrogatorio al que le sometió su defensor, Zougam relató que la policía trató en dos ocasiones, en el año 2001, que él fuera su confidente para hablar sobre posibles radicales islamistas en el barrio de Lavapiés, una oferta que él declinó. Dijo también que, cuando fue detenido el 13 de marzo, uno de los policías que le propuso ser informador le visitó en la comisaría y le dijo: "si hubieras colaborado con nosotros no te habría pasado esto".
Preguntado por el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, sobre la razón de que no hubiera relatado antes esta circunstancia, ni a los policías que le detuvieron ni al juez instructor, Juan del Olmo, Zougam explicó que fue porque sus abogados no le ayudaban ni le visitaban en prisión, él tenía miedo de que pudiera haber represalias si hablaba de este asunto y confiaba en quedar en libertad. "No quería complicar las cosas", aseguró y añadió que aún no entiende "por qué" está en este juicio, aunque cree que es "por vengaza".
Zougam relató hoy ante la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional que el 11 de marzo de 2004 se levantó pasadas las diez de la mañana y vió las imágenes de los atentados por televisión mientras desayunaba. Entonces llamó a su hermano para preguntarle cómo estaba el tráfico, y bajó en coche desde La Elipa, donde vive, hasta Embajadores, para llegar hasta su tienda, en el barrio de Lavapiés, evitando la estación de Atocha. Hasta su detención el 13 de marzo mantuvo su rutina habitual.
En cuanto a Basel Ghalyoun, que comenzó a declarar sobre las doce del mediodía, respondió a preguntas de la fiscal Olga Sánchez que no participó en la colocación de las mochilas-bombas en los trenes de cercanías de Madrid y dijo que el único testigo que le identificó en el convoy que explosionó a la altura de la Calle Téllez de Madrid, lo hizo un año después de los atentados en una rueda de reconocimiento celebrada en la Audiencia Nacional. Esta persona, explicó, se limitó señalar una foto suya, muy antigua.
También rechazó la identificación de otras personas que aseguraron verle en Alcalá de Henares, estación de partida de los trenes en los que se produjeron las explosiones, y explicó que estos testigos reconocieron también a otros imputados finalmente no procesados por los atentados, hecho que debería ser extensivo a su caso.
El acusado asegura que durante la mañana del 11 de marzo de 2004 se encontraba en su casa, un local de la calle Virgen del Coro de Madrid, junto a otro de los procesados, Fouad El Morabit. Ambos despertaron a primera hora, sobre las siete y media, para rezar. Tras la oración volvió a quedarse dormido hasta las 10 de la mañana, añadió. Ghalyoun consultó en varias ocasiones extensas notas que portaba con él para comprobar varios datos y fundamentar en ellos su defensa, hecho permitido por el presidente del tribunal dada la gravedad de las acusaciones existentes en su contra.
Por otra parte, el tribunal dictó una providencia en la que insta al Ministerio de Defensa a desclasificar un informe secreto del Centro Nacional de Inteligencia relativo a una información aportada en su día, como confidente, por el ex minero José Emilio Suárez Trashorras , para quien se solicitan 38.670 años de prisión como cooperador necesario en la masacre.
Tensión en la sala
La tercera sesión del juicio no estuvo exenta de alguna escena de tensión protagonizada por víctimas que acuden al juicio. Tres de ellas tuvieron que se ser conminadas a ocupar sus asientos tras levantarse durante la sesión de mañana de la vista y acercarse a escasos centímetros del cristal blindado que rodea el banquillo de los 18 acusados que se encuentran en prisión, a los que señalaron con el dedo.
Durante el receso concedido a mediodía por el presidente del tribunal, otra de las víctimas increpó a una mujer musulmana que acude desde el primer día a las sesiones, casada con uno de los acusados y víctima a su vez, ya que perdió a una hija en los trenes. Varios de los presentes recordaron esta circunstancia a la mujer que se enfrentó a ella y la policía tuvo que aproximarse, aunque el incidente no tuvo mayores consecuencias..