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¡Al fútbol!

miércoles 19 de noviembre de 2008, 08:47h
Actualizado: 20 de noviembre de 2008, 07:14h

Es intolerable. Alguien tendría que convocar un G-20 para destapar las miserias, corrupciones, ambiciones, abusos, chantajes, cambalacheos y trampas de dinero negro que se cuecen en el mundo del fútbol. De pronto el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, sale poniendo de vuelta y media a su predecesor Florentino Pérez, e involucrándole con un ex jugador merengue “que se llevó 4.000 millones (de euros?, de pesetas?) para fomentar la natalidad y para reactivar la prostitución”.

Esto es sólo un ejemplo del lenguaje que se cuece hoy día en el mundo del fútbol. De otro presidente merengue se dijo que había metido la mano en la caja fuerte para gastárselo en el casino. Cada noche hay programas radiofónicos donde se pueden escuchar tremendas acusaciones contra todo lo que se mueve en torno al balompié: futbolistas, entrenadores, presidentes e incluso los mandamases del fútbol en España, o el mandamás futbolístico mayor del Reino… y aquí no pasa nada.

Mientras el Grupo de los 20 han ido a Washington a cantar la palinodia de los desfalcos financieros mundiales y a intentar ver cómo tapan esos agujeros para que el planeta no se convierta en un gigantesco y universal batallón de mendigos, por los céspedes del fútbol ruedan millones o mejor, miles de millones de euros que van a parar a las arcas de unas estrellas que no tienen nada que ver con los astros del bel canto, la literatura o el arte contemporáneos, pues comparados con aquellos, lo que cobran por su trabajo a lo largo de toda una vida es pura calderilla.

El mundo del fútbol está dejando en el siglo XXI nombres memorables, pero de color tan turbio que no sabe uno si mirar bajo el prisma de Agatha Christie o el de Juan Madrid, de la novela policíaca o la novela negra. Todo es muy negro, y desde luego pide a gritos investigaciones policíacas. La sombra de aquel que aunó una alcaldía glamorosa con la presidencia de un club de fútbol visitando por una y otra actividad más los juzgados que el césped, es alargada. Y aparece en cualquier Comunidad Autónoma del país, mire uno a Levante, Andalucía, Galicia o la mismísima capital del Estado español, y en el propio seno de la política futbolera.

A juzgar por las informaciones que de cuando en cuando revelan los periodistas deportivos que, salvo el lenguaje, las patadas al idioma y el exceso de frivolidad de algunos de ellos, incluidos los que están colocados en lo más alto del ránking de su sector profesional, son unos informadores a los que no se les escapa ni uno de los intrincados y negros secretos del deporte rey en España, el sector, emulando el pensamiento de Shakespeare, huele a podrido.

El ex jugador al que se refiere el presidente del Real Madrid es sólo una aguja en este pajar. Lo terrible no es que un crak se acueste con 600 o 700 mujeres a costa del dinero que se lleva por dar patadas a un balón. Lo terrible no son siquiera las acusaciones que suelen lanzarse entre sí entrenadores, presidentes y directivos de de este deporte de masas. Lo verdaderamente tremendo es que en medio de esta debacle de millones nadie haya convocado otro G-20 para acabar con esta podredumbre.
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