En política siempre ha habido un tiempo para un payaso, no como ahora que los que quieren ir de chistosos son en el fondo unos “
sinsustancia”.
Hace años, sobre todo al principio de la transición, algunos políticos se especializaron en pronunciar frases cargadas de ironía y humor además de una buena dosis de mala leche. Se trataba de conseguir un buen titular en la prensa y de paso hacer que se sintiera humillado el oponente, y a fe que con frecuencia lo conseguían a pesar de lo injusto de la apelación.

El diputado aragonés
Hipólito Gómez de las Roces dijo que “
Felipe González era capaz de darle una pensión a la viuda del soldado desconocido” o
Álvarez Cascos cuando le identificaban con un perro agresivo dijo aquello de “
prefiero ser un dobermann a un cómplice de los Gal.”
Pero fue en aquella época
Alfonso Guerra el más activo creador de frases hirientes. Del ex Presidente
Adolfo Suárez dijo al menos dos frases profundamente injustas: le llamó tahúr del Missisipi y dijo que algún día se subiría al caballo de Pavia para entrar en el Congreso: la historia demostró todo lo contrario.
Hacia tiempo que el que fuera número dos del PSOE no pronunciaba este tipo de exabruptos, y hacia bien porque un Presidente de la Comisión Constitucional en atención al cargo que ostenta, debe mantener una cierta elegancia y equidistancia en su comportamiento, pero se ve que la cabra siempre tira al monte y ahora ha dicho que
“el PP no tiene retratos de los protagonistas de la dictadura porque ya están sentados en las meses de las sedes presidiéndolas”.
Lo peor de esto no es lo injusto y falso de la afirmación sino lo torpemente inoportuna en un momento en el que algunos se empeñan en revivir artificialmente la existencia de dos Españas irreconciliadas.
No sé si superaremos la crisis económica, pero la crisis política de desencuentro artificialmente provocado por quienes más deberían hacer por conseguir que regresase el consenso y el respeto mutuo es urgente que se supere ya.