Castro mete la gamba
viernes 05 de diciembre de 2008, 15:07h
Actualizado: 12 de diciembre de 2008, 14:15h
No cabe ninguna duda de que llamar “tontos de los cojones” a los que votan al contrario es algo que muchos piensan pero no dicen, pero cuando el que lanza dichos improperios es el alcalde de una gran ciudad como Getafe y, además, presidente de la FEMP se convierte en una falta de respeto al ciudadanos que libremente decide meter la papeleta de esta u otra formación política en la urna electoral, haciendo uso de una libertad ganada a pulso y a base de mucha lucha, sufrimiento y penalidades.
Eso es, Pedro Castro ha metido la gamba y sabe que llevará esa mancha en su expediente, pero poco más, porque lo de dimitir de sus cargos no se corresponde con lo hecho, sobre todo porque en España no dimite nadie y muchos que dejan sus responsabilidades lo hacen poco antes de que llegue el aviso oficial del delito cometido.
El PP de Madrid ha saltado hecho una fiera, como es lógico, en defensa de sus votantes y ha decidido que la madera de Castro sirve para echar más leña al fuego de la política nacional. Esperanza Aguirre y todos sus seguidores han saltado a la chepa del alcalde de Getafe con el objetivo de ayudarle a caer. Es una difícil situación para el insultador transitorio, quien está convencido de que metió la gamba por soltar la lengua con su frescura habitual sin darse cuenta que los contrarios también cuentan, incluso para el nuevo socialismo madrileño de Tomás Gómez.
Gómez, por cierto, sabe que no puede hacer ascos a nada para sumar los votos necesarios en los próximos comicios locales y autonómicos si quiere sentarse en el sillón presidencial de Aguirre. A ver si va a resultar que los “tontos de los cojones” de la derecha son necesarios dentro de unos años. Sólo hay dos opiniones al respecto del pasote de Castro: los que quieren que caiga a toda costa y los que le defienden porque es “de los nuestros”. A los perseguidores del alcalde de Getafe les pediría que aplicaran el mismo rasero cuando son los suyos los que meten la gamba o la mano; lo mismo a los ahora amantes del castrismo getafense, que aluden a barbaridades mayores de la derecha para justificar lo hecho por un hombre de la izquierda que se equivoca a veces y en ocasiones como esta jode bastante la marrana y produce descontentos y amarguras democráticas incluso en él.
Después de haber escuchado de todo entre la clase política, desde llamar hijo de puta al contrario, a insultar hasta la indecencia al que se sienta en el banco ideológico contrario al que cada uno asienta sus posaderas en el poder, exigir que Castro dimita no serviría ni para blanquear el panorama político, porque hay pocos dispuestos en el PP y en el PSOE a juzgarse a sí mismos como lo hacen ahora con Castro.